jueves, 5 de abril de 2018

Vino el añejo que vino



Dice bien el bodeguero
que custodia la bodega,
viendo al muchacho que llega,
pero falto de dinero.
Aunque, si paga primero,
no ha lugar ser tan mezquino,
que, pues era su destino,
que lo dice el buen abate,
de la bodega al gaznate,
vino el añejo que vino.

De modo que es lo prudente
servir al que paga al día,
si toda melancolía
nublar puede la ancha frente.
Y es que parece decente
darle fin al desatino,
que, pues era su destino,
que lo dice el buen abate,
de la bodega al gaznate,
vino el añejo que vino.

Y, porque vino el añejo,
que es el añejo decencia,
sabe el vino ser prudencia,
que lo dice hasta el más viejo.
Porque ya avisa el vencejo
del fuego del sol vecino,
cuando, por ser su destino,
que lo dice el buen abate,
de la bodega al gaznate,
vino el añejo que vino.

2018 © José Ramón Muñiz Álvarez

miércoles, 4 de abril de 2018

Quiere el vino de otros días


Quiere el vino de otros días
el borracho en la taberna,
que un instinto lo gobierna
hacia sus bellaquerías.
Y porque dulce dirías
esa alegría mundana,
ya despierta la mañana
prometiendo el vino añejo,
que bebe el oro el verdejo
si lo ve la hora temprana.

Por eso está prometido
el placer que quiere honrado
el hombre más espigado
y el más terrible bandido.
Y, como el oro encendido,
nunca bebe con desgana
quien despierta la mañana
prometiendo el vino añejo,
que bebe el oro el verdejo
si lo ve la hora temprana.

Y, de esta forma os diré
que es mucho el vino que bebe
todo aquel, si bien se atreve,
que eso es cosa que no sé.
Pero yo, según se ve,
Con la brisa soberana,
Vengo, desde la mañana,
prometiendo el vino añejo,
que bebe el oro el verdejo
si lo ve la hora temprana.

2018 © José Ramón Muñiz Álvarez

Puede un verso dar la vida


Puede un verso dar la vida
al que siente en los amores
los extraños sinsabores
que la tienen consumida.
Y, si es dura la envestida
del amor que empieza a arder,
diré que es prudente ver,
como los desamorados,
que los versos olvidados
son los versos del ayer.

Y diréis que es demasía
el amor en que me digo,
porque a decirlo me obligo,
lleno de melancolía.
Que es triste la dicha mía,
como así lo habrá de ser,
porque es más prudente ver,
como los desamorados,
que los versos olvidados
son los versos del ayer.

De modo que me despido
de esta canción pesarosa,
regalándome a otra cosa,
que es placer más divertido.
Que ha de estar entretenido
el que así lo quiera hacer,
cuando es prudente ver,
como los desamorados,
que los versos olvidados
son los versos del ayer.

2018 © José Ramón Muñiz Álvarez


Siempre es justo recordar

Siempre es justo recordar
la belleza en la poesía,
si, al mezclar melancolía,
nos supiere solazar.
Pues os podéis solazar
con letrillas, sabiamente,
si los romances son fuente
de lectura y de placer,
que los siglos del ayer
ya no son los del presente.

Y, si es justo recordarlo,
pues es siempre el verso bello,
del ingenio su destello
vendrá pues a confirmarlo.
Y, si queréis comprobarlo,
será cosa que os comente,
que hay letrillas que son fuente
de lectura y de placer,
que los siglos del ayer
ya no son los del presente.

De modo que es este hechizo
el que llena, con su celo,
la poesía en el deshielo,
si la nieve se deshizo.
Porque su blanco invernizo
dice bien, si lo consiente,
pues los romances son fuente
de lectura y de placer,
que los siglos del ayer
ya no son los del presente.

De modo que os dará gusto
esta callada lectura
que a decirlo se apresura,
si decir verdad es justo.
Y, pues con ello me ajusto
a lo que digo prudente,
son las letrillas la fuente
de lectura y de placer,
que los siglos del ayer
ya no son los del presente.

Y, pues me vuelvo prolijo
con deciros cosa tal,
me repito en cosa igual,
que repito y no corrijo.
Que dijo que es buen alijo
la poesía complaciente,
si son los romances fuente
de lectura y de placer,
que los siglos del ayer
ya no son los del presente.

2018 © José Ramón Muñiz Álvarez

viernes, 30 de marzo de 2018

No conozco los motivos


NO CONOZCO LOS MOTIVOS


No conozco los motivos
ni tampoco la razón
de que sufra la nación
y se lamenten los vivos.
Los políticos esquivos
dicen, a lo que se ve,
estas cosas que os diré,
y vendrán según discurro,
porque sabe más mi burro,
que un ministro que yo sé.

De modo que el pensamiento,
que no sabe descansar,
quiere con gana indagar
en tan hondo desaliento.
Y pues es el alimento
la reflexión, pensaré
estas cosas que os diré,
y vendrán según discurro,
porque sabe más mi burro,
que un ministro que yo sé.

Y, puestos a desmentir
la mentira que envenena
la verdad y la enajena,
algo tengo que decir.
Porque se suele advertir
que la calma pide fe
donde estas cosas diré,
y vendrán según discurro,
porque sabe más mi burro,
que un ministro que yo sé.

Que hay políticos ladrones,
y que siempre hubo de haberlos,
si podemos sorprenderlos
en provincias y regiones.
Pues, en estas ocasiones,
he de pensar, y hablaré
estas cosas que os diré,
y vendrán según discurro,
porque sabe más mi burro,
que un ministro que yo sé.

Y algún banquero se pasa
a costa de ser banquero,
porque engaña su dinero
al que para por su casa.
Es interés lo que es tasa,
que lo sé porque lo sé,
y estas cosas os diré,
y vendrán según discurro,
porque sabe más mi burro,
que un ministro que yo sé.

Que no falta un millonario
que, tras llenarse el bolsillo,
diga, moviendo el flequillo,
que es un honrado empresario.
Y si nos roba el salario,
otras cosas contaré,
y estas cosas os diré,
y vendrán según discurro,
porque sabe más mi burro,
que un ministro que yo sé.

2018 © José Ramón Muñiz Álvarez

jueves, 29 de marzo de 2018

Porque beber del tonel es yantar un buen cabrito



Pues suplica, en realidad,
sus favores la barriga,
preciso será que os diga
lo que pasa, en realidad.
Y es que dice la verdad
el estómago contrito,
que tiene mayor delito,
sobre tan blanco mantel,
porque beber del tonel
es yantar un buen cabrito.

Que no vale ya el engaño
de la pasada mentira,
pues el estómago aspira
a superar ese daño.
Y, pues se hace el caso extraño,
confesarme necesito,
que tiene mayor delito,
sobre tan blanco mantel,
porque beber del tonel
es yantar un buen cabrito.

Y por eso esta advertencia
he de hacer para la gente
que sus gustos alimente
sin faltar a su conciencia.
Porque no fue mala ciencia,
como digo en este escrito,
que tiene mayor delito,
sobre tan blanco mantel,
porque beber del tonel
es yantar un buen cabrito.


2018 © José Ramón Muñiz Álvarez

miércoles, 28 de marzo de 2018

Los trasgos


LOS TRASGOS YA SON LIBRES
I
Los trasgos ya son libres,
dejaron sus prisiones,
huyeron de mi caja de zapatos
para tejer las odas que te ensalzan
como una diosa más entre las diosas.
Los trasgos se han fugado,
llegando a los jardines
que saben los secretos de mi espíritu,
los mismos que no quiero confesarte,
los mismos que no quieres que pronuncie.
II
Los versos que recorren
el aire de la sierra,
el aire de las costas asturianas
tal vez la brisa misma que camina
por todos los lugares, te pronuncia.
Y, vuelta nombre al fin,
por todos los paisajes
que digo con un grito a la arboleda,
podrás volar igual que el alba clara
que llega, silenciosa, con el día.
III
Tu nombre vuela libre
por bosques y hondonadas,
por montes y colinas que la gente
recuerda de las viejas excursiones
del tiempo que transcurre sin memoria.
Y tú, como tu nombre,
gozando libertades,
escapas como aquellos prisioneros
que huyeron de las cárceles terribles
que tengo en una caja de zapatos.
BELENNOS DICE SIEMPRE
I
Belennos dice siempre
que el fuego del verano
podrá, con su pureza,
besar la flor del agua en hontanares,
en fuentes y arroyuelos, y la luna
los puede ver, naciendo en el solsticio,
sabiendo que lo impuro
se fuga en esa noche, se le escapa
al aire y a la brisa que recorren
las salas de este mundo silencioso.
II
Cernunnos habla siempre
de nombres de ranúnculos
que nacen en los prados,
que viven en los prados y los montes,
según la primavera se renueva
y el ciclo de la vida va surgiendo,
después de las nevadas,
después de las ventiscas en las cumbres,
después de las escarchas en la hierba,
si quieren las heladas de la noche.
III
Sucelos se relame,
sabiendo los otoños
como un regalo bello,
sabiendo que, ya próxima, la noche,
vendrá con sus cortinas, sus hechizos,
hablando de la vida y de la muerte,
igual que los crepúsculos,
en tiempos de otoñadas y frutales,
de bosques malheridos por el pardo,
de frutos que alimentan a la vida.
IV
Y Navia, la discreta,
dejando que las aguas
discurran por los ríos,
dirá que en sus mansiones cristalinas
hay algo de belleza melancólica
que sabe los secretos del paisaje,
que sabe los secretos
del mundo que conocen los más sabios,
si corren por el mundo, si recorren
paisajes que conducen a los mares.
V
Sabed que en Finisterre
las brumas de los mares
encierran los misterios
de costas que se acaban ante piélagos
que azotan, como el viento, con dureza
lugares que se rinden a los vientos,
las lluvias y granizos
que traen los temporales, de mañana,
al puerto de los viejos pescadores
que quedan atrapados en los siglos.
VI
Veréis los asturcones
que viven en el Sueve
sentir en cada soplo
las magias ancestrales, los embrujos
de un tiempo diferente, cuyos credos
hablaban de aquelarres a deshora,
de lobos y de lunas
que vuelan reflejándose en el agua,
que sueñan reflejándose en el agua,
que duermen reflejándose en el agua.
VII
Y siento tu mirada
y digo que en tus ojos
también hay aquelarres,
momentos misteriosos en que advierto
las danzas alocadas de las gentes
que van, en comunión con los paisajes,
a ser parte del mundo
que habitan desde el tiempo del origen,
como rindiendo culto a los ancestros,
quién sabe si a las fuerzas naturales.
VIII
Y miro tus ojuelos
y pienso en el Aramo,
y pienso en cada roca
que pude ver en raras excursiones,
en tardes de domingo, algunas veces,
vagando por los sitios más curiosos,
quién sabe si en Colunga,
quién sabe si en Poncebos y en Cabrales,
buscando las alturas de la roca,
gozando del murmullo del riachuelo.
XI
Y pienso en esos labios
febriles y encendidos
como una primavera
que ardiese, con apuro, consumiéndose
como una hoguera más, cuando el solsticio,
llamando al paganismo de los bosques,
queriendo que el Busgosu
pronuncie sus palabras y revele
leyendas del ayer, momentos llenos
de magia, de leyenda y fantasía.
X
Y pienso que en tu boca
están esos paisajes,
las brujas de otras veces,
tal vez lo más profundo de esos símbolos
curiosos que perdieron, hace tiempo,
su luz y su sentido, sus razones,
en aras de otra forma
de hallarse en el entorno y de ser parte
del mundo que habitaba nuestro espíritu,
llenándolo de hechizo y de belleza.
LAS HORAS CORREN LENTAS
I
Las horas corren lentas,
tus ojos me contemplan
y quiero ser su cómplice,
mirando en lo lejano, recordando
que el alba nace siempre en lo lejano,
que las contraventanas abiertas a la noche
verán nuestro pecado, si despiertan
los brillos silenciosos
que ven al campesino en los caminos.
II
Y escucho los susurros,
y siento los jadeos,
y entonces imagino
que estamos en el borde, que llegamos
al fin a ese momento desastroso
que suele sorprendernos, amantes enlazados,
buscando otros placeres, si despiertan
los brillos silenciosos
que ven al campesino en los caminos.
III
Y sueño con el Sueve,
con viejos asturcones,
las curvas de tus senos,
después de que la lluvia de septiembre
disfrute humedeciendo sus encantos,
las briznas de la hierba que crece entre los montes
que callan en silencio, si despiertan
los brillos silenciosos
que ven al campesino en los caminos.
2018 © José Ramón Muñiz Álvarez

sábado, 17 de marzo de 2018

Jardines entre el humo y la muerte


José Ramón Muñiz Álvarez 
"JARDINES ENTRE EL HUMO DE LA MUERTE" 
(sonetos escritos ante el destino inminente 
de la vida, volcada 
sobre el 
humo del 
vacío). 

Breve tanda con nuevos sonetos escritos en memoria de María de los Dolores Menéndez López y de Pilar Muñiz Muñiz, en los que se reflexiona sobre lo efimero del tiempo, que nunca es más que el humo. 

Soneto I 

          El aire conquistó, donde la helada, 
la llama del invierno, sombra oscura, 
el hielo de diciembre y su blancura, 
el beso de la muerte en la nevada. 
          Y vino lentamente la alborada, 
dejándonos mirar en la espesura 
su luz y su color, esa figura 
que brilla con su luz en la mirada. 
          El humo nos lo dice donde vuela, 
jugando a ser el aire, porque corre 
sobre esa brisa fresca del abismo. 
          La vida escapa, vuela hacia la torre 
del humo de la nada en que se hiela 
su pena, su destierro, su ostracismo. 

Soneto II 

          No puede ser más bello en ese cielo 
el brillo de un recuerdo engalanado, 
perdido en una nube, abandonado, 
dejado, como el humo, sin consuelo. 
          Y piso con tristeza lo que el hielo 
recubre al extender su principado, 
y siento que soy algo desterrado 
del tiempo que se fuga en este suelo. 
          Y el humo que se fuga hacia la nada 
parece hacerse aviso y, con prudencia, 
nos habla del final en el camino. 
          La senda está cubierta y, apagada, 
la luz se rinde y cede la existencia, 
que sabe amargo el trago del destino. 

Soneto III 

          Es humo solamente el raro hechizo 
que cobra, con sus manos, la maleza, 
sabiendo que conquista, con dureza, 
la gracia de un imperio tornadizo. 
          Hablaron del embrujo de su rizo 
las nieves que alcanzaron la belleza 
que trajo en el invierno la tristeza 
que pronto, levemente, se deshizo.   
          Y, viendo que era todo lo que había 
la luz que da final a este relato, 
calló el instinto el eco de su suerte. 
          Habló el dolor, soñó la brisa fría, 
la escarcha fue tomando su retrato, 
y todo se hizo beso de la muerte. 

2018 © José Ramón Muñiz Álvarez