jueves, 6 de noviembre de 2014

Teatro


José Ramón Muñiz Álvarez
JORNADA SEGUNDA DE “EL CABALLERO VENCIDO O EL
AMOR QUE NO SE ENTREGA
(breve representación
dramática)

ESCENA PRIMERA:
El escudero habla con el mesonero y la vil canalla:

ESCUDERO-. Mi señor se ha deprimido,
pues, saliendo de un amor,
a costa de ser señor,
en otro amor se ha metido.
MESONERO-. Es la dama que ha querido
ser del duque la invitada.
LONGANIZA-. Pensó que es mejor posada
su palacio que el mesón.
MESONERO-. Puedes callarte, bribón,
si no te preguntan nada.

ESCUDERO-. El caso es que mi señor
siempre se mete en mil líos
con absurdos amoríos
que son algo más que amor.
MESONERO-. Pensarlo me da dolor,
que debe perder dinero.
LONGANIZA-. Para tan gran caballero
poco vale lo gastado.
PANDURO-. Yo, que no gasto un ducado,
tales amores no espero.

Mas moda son los amores,
que, entre gentes de nobleza,
impresiona la belleza
de estos tan altos señores.
ESCUDERO-. Del amor son servidores,
y a fe que lo son e vano,
que, si es el duque hombre ufano,
a la dama a quien convida
verá esquiva y encendida
en el desdén más lozano.

Y así, con sabiduría,
quiere acaso mi señor
jugar sus cartas mejor,
que es hombre de nombradía.
Y, usando la escribanía,
me hace entrega de este escrito
en que publica el delito
de sus altos pensamientos,
que son duros sentimientos
para un desdén de granito.

LONGANIZA-. Mala cosa es el amor
para quien cede a su hechizo,
que en su poder se deshizo
la promesa de un favor.
MESONERO-. Y, pues no le doy valor,
no he de admirarme afanado,que, pues soy desamorado,
pues poco placer recibo,
con el amor soy esquivo,
sin ponerme a su mandado.

PANDURO-. Pues sé yo que es más dichoso,
más ameno y más prudente
ver desdichada a la gente
que entretenerlos quejoso.
LONGANIZA-. La miel quiero como el oso,
que no el dolor del osado,y, pues soy desamorado,
pues poco placer recibo,
con el amor soy esquivo,
sin ponerme a su mandado.

MESONERO-. Llora el triste si lo quiere
a costa de un raro alarde,
que vale más ser cobarde,
si el amor nunca lo hiere.
PANDURO-. Dejemos que desespere
la paciencia del forzado,pues, si soy desamorado,
pues poco placer recibo,
con el amor soy esquivo,
sin ponerme a su mandado.

LONGANIZA-. En cambio yo no quisiera
enredarme en los amores,
que el aliento de las flores
amarga la primavera.
MESONERO-. Es el amor una espera
que condena al desgraciado:y, pues soy desamorado,
pues poco placer recibo,
con el amor soy esquivo,
sin ponerme a su mandado.

PANDURO-. Yo no quiero ser sincero
ni mezclarme en amoríos,
porque suelen ser tan fríos
que en el amor desespero.
LONGANIZA-. Como amante nunca quiero,
que mucho ya lo he pensado,y, pues soy desamorado,
pues poco placer recibo,
con el amor soy esquivo,
sin ponerme a su mandado.

ESCUDERO (leyendo en voz alta)-. “Es la maldad de Cupido
la que fuerza esta traición
que desmaya el corazón
que se pierde sin sentido.
Y yazgo yo, que, abatido,
no dejo de lamentarme.
Poco sirve el alejarme
de esas pasiones malditas,
porque a fuego son escritas
si es que llego a enamorarme.

Mas, si al cabo he de morir,
muerto habré de lamentarme
por el gusto de quejarme
del dolor que he de sentir,
porque no quiero vivir
una vida sin sentido,
sabiendo que se ha perdido
por el amor tanto sueño,
que, si de mí no soy dueño,
vivo mi vida rendido.

Y, pues tal destino espero,
poco importa si la vida
corre lenta o va seguida
al destino en que me muero.
Y, si es el amor sincero
y no roba el señorío
de cuanto quiero por mío
con torcer mi triste suerte,
no será la vida muerte
ni será el mundo sombrío:

otro albedrío tal vez
tenga la suerte celosa,
en su juego, caprichosa,
con más gala y sensatez.
Y es que en tan triste estrechez,
soporta la incertidumbre
quien, deslumbrado en la lumbre,
quiere morir por amor,
pues que lo quiere el favor
que del amor es costumbre.

Y es triste que esa dulzura
con el sabor de ambrosía
llene de melancolía
al alma triste y oscura.
Mala imagen se figura
la del amor reflejado,
si con su mal ha bordado
la locura del rigor,
que, a fuerza de ser amor,
es el amor un malvado.

Que es el amor traicionero
con los nobles encendidos
que, por su yugo vencidos,
lloran al amor sincero.
Pero nunca es duradero
el amor, cuando se ofrece.
El dulce pecho enternece
y nos llena de pasión,
porque dicta al corazón
lo que mejor le parece.

Y así, en semejante invento,
sospechando la desgracia,
me regalo a la falacia
que me ofrece el pensamiento,
que, al valorar lo que siento,
es el amor un destino
que, antojándose mezquino,
mal y bien confunde y puede,
que aunque con gracia me enrede,
por sus veredas camino.

Y, como soy desdichado
y la desdicha es oscura,
quiero el amor, la amargura
del más triste enamorado.
Hombre vencido y callado,
hombre callado y vencido,
puedo estar arrepentido
o verme siempre fogoso
al ver en su rostro hermoso
la verdad de su sentido.

Mala cosa es el amor,
que más vale no querer.
El amor de la mujer
cárcel es en su rigor.
Vivo lleno de dolor
en este gran laberinto.
Siempre destroza el instinto,
la voluntad para el bien,
y turbar puede la sien,
pues, como mal, es distinto.

Suspendido en este trance,
bien puedo ser caballero
en el combate más fiero
y el más apurado trance,
pues, como cuenta el romance,
quiere el desdén destrozar
un amor al separar
cielo y tierra, tierra y cielo,
que, cuajando el duro hielo,
siempre el desprecio es un mar”.

LONGANIZA-. Es eso el amor cortés,
forma de retorcimiento
cuyas palabras al viento
dignas son de un gran marqués.
Nada dicen, como ves,
pues que no tiene sentido,
que hablan de amor encendido
y, olvidando lo importante,
usan lenguaje inconstante
y por nadie comprendido.

PANDURO-. Gente parecen corriente,
mas están ya bien viciados,
que los vinos escanciados
no son agua transparente.
LONGANIZA-. -. Es acaso alguien demente
quien se rinde ante el amor,
pero en esto es lo mejor
que lo hacen estando ociosos,
que el amor hacen viciosos
los caprichos del amor.

LONGANIZA-. Que, para amar a una dama,
no es preciso hablar del día
como quien la hechicería
de sus conjuros declama.
PANDURO-. Así como el ciervo brama,
brama también la nobleza,
que, con gesto de dureza,
ama blanduras y amores
con los humosos licores
que adormecen su destreza:

no son valientes guerreros,
sino ricos engordados
que empobrecen sus estados
con amores traicioneros.
Beben los vinos groseros
como la cosa más fina,
y, con audacia mezquina,
sabe el mesonero sabio
arrancarles, sin agravio
el oro y la plata fina.

ESCUDERO-. El caso está en conseguir
hacer que llegue el mensaje,
por mediación de algún paje,
a quien lo ha de recibir.
PANDURO-. No me atrevo yo a servir
en caso tan peligroso,
que es el duque rencoroso
y gusta de castigar.
ESCUDERO-. Dispuesto estoy a pagar.
LONGANIZA-. Es arriesgado y costoso.

¿Por qué quién al duque irá
con ropajes semejantes?
Que sin telas elegantes
jamás nos recibirá.
MESONERO-. Esa locura se está
gestando son gran talento.
ESCUDERO-. ¿Tendréis vos atrevimiento
a llegar hasta el palacio?
MESONERO-. Hombre de bien, voy despacio,
que no soy tan avariento.

Pues vale más el pellejo
que medio maravedí.
ESCUDERO-. Longaniza, tu puedes, di,
que se ofrece vino viejo.
LONGANIZA-. Si el pensamiento despejo,
he de decir que el temor
puede más que ese licor
que se ofrece a mi gaznate.
PANDURO-. Me parece un disparate
visitar a ese señor.
ESCENA SEGUNDA:
Llega un ciego acompañado de su lazarillo.

ESCUDERO-. Esta gente forastera
suele amar de la aventura,
y suele mostrar bravura,
pues su sangre es pendenciera.
PANDURO-. Solo es un ciego que espera
ejercer la clerecía,
que dirá que cada día
necesita comer pan.
MESONERO-. Los dos de la mano van
como buena compañía.
El ciego empieza a cantar, acompañándose de un rabel o instrumento semejante.

CIEGO-. Malherido el pecho siente
quien tales amores mira,
y, si al mirarlos respira,
de respirar se resiente.
LAZARILLO-. Que es el amor la serpiente
que sabe el juego enredar,
porque sabiendo flechar
al noble y al caballero,se hace Cupido flechero
en el arte de matar.

CIEGO-. Y, pues este jovenzuelo
tiene el nombre del amor,
causará solo dolor
en la tierra y en el cielo.
LAZARILLO-. Que es tremendo desconsuelo
prevenirse y lamentar,
que, si sabe enamorar
con punta de duro acero,se hace Cupido flechero
en el arte de matar.

CIEGO-. Y no parece dichoso
ser la víctima doliente
de ese muchacho valiente
que se muestra quejumbroso.
LAZARILLO-. Siente el pecho doloroso
quien se resigna en su altar,
y, sin saber perdonar
un pensamiento tan fiero,se hace Cupido flechero
en el arte de matar.

CIEGO-. Desdichado el campesino,
desdichado su señor,
cuando sirven al amor,
que es soberano mezquino.
LAZARILLO-. Pues ese triste camino
lo tendrán que caminar
con el lento lamentar
que condena el mundo entero,cuando Cupido es flechero
en el arte de matar.

CIEGO-. Triste dolor es por tanto
y febril melancolía
la noche pasar y el día
soportando tal espanto.
LAZARILLO-. Tiene dureza de amianto,
y es que sabe castigar
a quien no quiere adorar
sus pies con afán sincero,si es ya Cupido flechero
en el arte de matar.

CIEGO-. Hiere con su dardo ardiente
el amor más atrevido,
porque, ya el juicio perdido,
es, a la par, imprudente.
LAZARILLO-. Yo, que siempre soy consciente
de su falta de nobleza,siento que alegre bosteza
lo que despierta el engaño
que será causa del daño
que me hiera con dureza.

CIEGO-. Que sabe herir, orgulloso,
y, con la punta afilada,
cada flecha envenenada
torna a romper mi reposo.
LAZARILLO-. Yo, que siempre fui juicioso
de corazón y cabeza,siento que alegre bosteza
lo que despierta el engaño
que será causa del daño
que me hiera con dureza.
Mientras canta el ciego, el lazarillo pasa una escudilla para cobrar la dádiva. Solamente el mesonero y el caballero le echan unas monedas.

CIEGO-. Lanza sus furias y enojos
ese niño que desnudo
teje el amor, pero mudo,
pero visible a los ojos.
LAZARILLO-. Yo, que todo soy antojos
de su locura y firmeza,siento que alegre bosteza
lo que despierta el engaño
que será causa del daño
que me hiera con dureza.

CIEGO-. Que, si se da a la crueldad,
pues es cruel en demasía,
viendo despuntar el día,
mezcla el bien y la maldad.
LAZARILLO-. Y yo, que, con dignidad,
sigo la senda que empieza,siento que alegre bosteza
lo que despierta el engaño
que será causa del daño
que me hiera con dureza.

CIEGO-. Torna el ánimo en la nada
el amor con ser tan tierno,
que, llegado ya el invierno,
brota tarde a la alborada.
LAZARILLO-. Yo, que admiro en la nevada
la verdad de su certeza,siento que alegre bosteza
lo que despierta el engaño
que será causa del daño
que me hiera con dureza.

CIEGO-. Que, si siempre fue risueño,
no por ello es más clemente,
y, con el rostro inocente,
hace en el alma su empeño.
LAZARILLO-. Yo, que lo advierto pequeño
mas ya sé su sutileza,siento que alegre bosteza
lo que despierta el engaño
que será causa del daño
que me hiera con dureza.
Pausa. El mesonero da al lazarillo y al ciego una jarra de vino y se sientan en una de las mesas. Se hace un profundo silencio. Cantan ahora los mendigos:

ESCUDERO-. Si queréis buena soldada,
escuchadme bien los dos.
LAZARILLO-. Decidnos ya, vive Dios,
que la queremos doblada.
ESCUDERO-. Pensad que es cosa arriesgada,
pero que os dará dinero.
CIEGO-. ¿Quién sois vos?
LAZARILLO-. Es escudero,
y lo que viene a ofrecer
es cosa de padecer
a la luz de lo que infiero.

CIEGO-. Ciego soy y no podría
superar ese trasiego,
pues como veis, siendo ciego,
no sé de la luz del día.
LAZARILLO-. Pero trovaros podría
y cantaros mil cantares
de la sirena en los mares
y del guerrero en la tierra,
de las guerras de Inglaterra
y mil cosas singulares.

PANDURO-. Si se trata de cantar,
nosotros también sabemos,
y hace falta que yantemos
si lo pide el paladar.
ESCUDERO-. Por una carta entregar
ganaríais treinta escudos.
CIEGO-. Podemos quedarnos mudos
con cantidad semejante,
mas es la cosa inquietante
y somos bastante agudos:

si nos dais ese dinero,
debe ser cosa arriesgada.
ESCUDERO-. Una dama enamorada
en manos de un embustero.
LAZARILLO-. ¿Será algún arcabucero
de los que son agresivos?
ESCUDERO-. Pues sí que salís esquivos.
Es un noble.
CIEGO-. Mala cosa.
Diré que imagino ociosa
tal empresa, estando vivos.

Con trovar bellas canciones
nos dan pan de buena hogaza
donde el hambre no amenaza
y buen vino en sus jarrones.
No somos de esos matones
que acechan en cada esquina.
LAZARILLO-. En la bodega vecina
ya hemos alegres comido.
CIEGO-. Un verso es puro sonido.
y produce gran propina.
ESCENA TERCERA:
Llega el caballero, lamentando su tristeza:

CABALLERO-. ¿Has encontrado, al final,
alguien que lleve la carta,
o es que quieres que me parta
en la mansión infernal?
ESCUDERO-. Esta ocasión no es venial,
pero, al cabo, en el intento,
o no saben lo que cuento
o no quieren entender.
CABALLERO-. Pues a fuerza se ha de hacer,
aunque empeñando el aliento.

ESCUDERO-. Pues que estáis enamorado,
que se os ciega la razón,
hablaré del corazón
sin mostrarme interesado:
porque Cupido es malvado
y, apelando a la piedad,quiero solo la bondad,
pero no su sufrimiento,
que, con este pensamiento,
hallo la paz en verdad.

Y, pues saben los amores
lo que es locura inconstante,
huyo el amor delirante,
sus caprichos y rigores,
y, ni son buenos favores
ni dan la felicidad,quiero solo la bondad,
pero no su sufrimiento,
que, con este pensamiento,
hallo la paz en verdad.

De modo que por mendigo
tengo yo al niño embustero,
y, pues siendo yo escudero,
huyo de ser si testigo,
que la esperanza es abrigo
de un dolor sin dignidad,y quiero yo la bondad,
pero no su sufrimiento,
que, con este pensamiento,
hallo la paz en verdad.

De esta manera decido
no entregarme a sus pasiones,
que, si pierde corazones,
no tendrá el mío Cupido,
y, sin verme arrepentido,
pido yo por caridad,que me otorgue la bondad,
pero no su sufrimiento,
que, con este pensamiento,
hallo la paz en verdad.

Por eso quiero yo esquivo
alejarme del amor,
porque su gracia es dolor,
y no es el bien que recibo.
Por esa razón describo
esta tremenda maldad,que yo quiero la bondad,
pero no su sufrimiento,
que, con este pensamiento,
hallo la paz en verdad.

Doblo la suma indicada
para el que quiera dineros.
LAZARILLO-. Quisiera feliz haceros
y no es poca la soldada,
mas es que es esa embajada
una cosa peligrosa.
CABALLERO-. Pues se os pide poca cosa
por el dinero que dan.
CIEGO-. Nos basta con vino y pan,
que no hay cosa más sabrosa.

Es el amor la maldad
y es su flecha la traición
para el pobre corazón
que le entrega la lealtad.
ESCUDERO-. Y, sin tener dignidad,
mostrando actitud dañina,con esa flecha mezquina
con que suele disparar,
lleva el amor a su altar
al que su luz imagina.

CABALLERO-. Es, en verdad, el amor
una dura puñalada
para el alma enamorada
que le entrega su dolor.
ESCUDERO-. Raro caso es el amor,
que, si es venenosa espina,con esa flecha mezquina
con que suele disparar,
lleva el amor a su altar
al que su luz imagina.

CABALLERO -. Pero quien tiene linaje
ha de amar en demasía,
y, si es la dama más fría,
sufrirá más su coraje.
Como un helado paisaje
que la pasión adivina,con esa flecha mezquina
con que suele disparar,
lleva el amor a su altar
al que su luz imagina.

ESCUDERO-. Viendo yo vuestras pasiones
me alegro de ser plebeyo,
que ese torcido destello
rompe nobles corazones.
CABALLERO-. No son claras intenciones,
cuando, mostrando su inquina, con esa flecha mezquina
con que suele disparar,
lleva el amor a su altar
al que su luz imagina.

ESCUDERO-. Dichoso yo que no quiero,
dichoso yo, que no afano,
dichoso yo que, temprano,
gasto en vino mi dinero,
que, con ser un escudero,
soy el señor de mí mismo,
lejos siempre de ese abismo
que toda la vida mata,
con colores de oro y plata,
pero que es vil ostracismo.

CIEGO-. Mira bien, que, aunque soy ciego,
por una mujer hermosa,
todo en el alma reposa
y la dicha se hace ruego.
Que esta noche en que navego
pueden ser acaso cien,
que nada mis ojos ven,
pero saben de hermosura.
LAZARILLO-. No me parece locura,
que hay ciegos que ven muy bien.

CABALLERO-. Y en su mirar insolente
mata al más enamorado,
que puede un mirar helado
ser el mirar más hiriente.
Sabe beber de la fuente
con la mayor sutileza.No conozco más belleza
que los ojos encendidos
cuyos brillos presumidos
hieren con rara dureza.

ESCUDERO-. De modo que llora el triste
que, sabiéndose en sus manos,
ama unos ojos lejanos,
si es que el ánimo resiste.
Y, pues el amor insiste,
mezquindad es su nobleza.No conozco más belleza
que los ojos encendidos
cuyos brillos presumidos
hieren con rara dureza.

CABALLERO-. Tiene el amor tanto fuego,
tanta fuerza en su valor,
que me abrasa su color,
ignorante de mi ruego.
Y es este mar que navego
el desdén de su firmeza:no conozco más belleza
que los ojos encendidos
cuyos brillos presumidos
hieren con rara dureza.

ESCUDERO-. Sabe el amor confundir
a quien esta vida quiere
por el amor que prefiere,
si es ya preciso morir.
Y es tan alto este sufrir
que arranca mi fortaleza.No conozco más belleza
que los ojos encendidos
cuyos brillos presumidos
hieren con rara dureza.

CABALLERO-. Y ella sabe que me mata
cuando muestra la hermosura
que en su mirada se apura
y el cristalino delata.
Y si el alba la retrata,
miente al calar su fiereza.No conozco más belleza
que los ojos encendidos
cuyos brillos presumidos
hieren con rara dureza.

CIEGO-. Miente el amor al decir
de sí mismo que es hermoso,
pues, si es duro, es enojoso,
y, si es cruel, triste es vivir.
LAZARILLO-. Pero, pues sabe fingir,
nos engaña en la andadura,porque parece locura
regalarse a tal exceso,
siendo Cupido travieso
en la misma sepultura.

CIEGO-. Y, como al ser mentiroso,
nadie quiere ya escucharlo,
su modo de pregonarlo
es fingir que es más hermoso.
LAZARILLO-. Pero nos roba el reposo
y, en secreto, nos apura,porque parece locura
regalarse a tal exceso,
siendo Cupido travieso
en la misma sepultura.

LONGANIZA-. Que del pecho que delira
siempre nace falsedad,
y tal es su mezquindad
que hace verdad la mentira.
CIEGO-. Bien lo sabe el que suspira
bajo una pena tan dura,porque parece locura
regalarse a tal exceso,
siendo Cupido travieso
en la misma sepultura.

PANDURO-. De esta manera os diría
con un muy cumplido afán
que sus molestias se van
con pasar tan solo un día.
CIEGO-. Mas es necio en la porfía
y siempre aguantar procura,porque parece locura
regalarse a tal exceso,
siendo Cupido travieso
en la misma sepultura.

PANDURO-. Y es así que los temores
tienen muy bien advertido
a quien su yugo ha sufrido,
su dureza y sus rigores.
LAZARILLO-. Que, llorando a los albores,
se espera la noche oscura,porque parece locura
regalarse a tal exceso,
siendo Cupido travieso
en la misma sepultura.

CIEGO-. Por esa razón os digo
que no es amar buen consejo,
y esta experiencia que os dejo
rubrico como testigo.
LAZARILLO-. De tal jamás me desdigo,
faltando ya la bravura,porque parece locura
regalarse a tal exceso,
siendo Cupido travieso
en la misma sepultura.

TELÓN

2013 © José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

Teatro


José Ramón Muñiz Álvarez
JORNADA TERCERA DE “EL CABALLERO VENCIDO O EL
AMOR QUE NO SE ENTREGA
(breve representación
dramática)

ESCENA PRIMERA:

El duque pasea solitario en su jardín, contemplando la luz de la luna llena.

DUQUE-. Pudo el amor, encendido,
engañar con su mentira
al amante que suspira
por sus embustes perdido.
De sus flechas malherido,
llora acaso algún garzón
que, sin saber la razón
de ese mal que lo retiene,
de nuevo al llanto se viene,
destrozado el corazón.

Que sabe el amor, con saña,
mentir al más inocente,
imponiéndose vehemente,
pues tiene valor y maña.
Y el pecho herido que daña
se le entrega, a la sazón,
que, sin saber la razón
de ese mal que lo retiene,
de nuevo al llanto se viene,
destrozado el corazón.

Supo el amor peligroso
con su veneno encender,
con su audacia convencer
y tornarse peligroso.
Emperador es forzoso
de quien siente su pasión,
que, sin saber la razón
de ese mal que lo retiene,
de nuevo al llanto se viene,
destrozado el corazón.

Que mentir sabe Cupido
y, pues es tan buen flechero,
del plebeyo al caballero,
ver al hombre sometido.
Hacer pues su cometido
se impone con ambición,
que, sin saber la razón
de ese mal que lo retiene,
de nuevo al llanto se viene,
destrozado el corazón.

Se oyen ruidos. Pausa. De pronto hace como si intentara reconocer el sonido. Pausa. Se va.

ESCENA SEGUNDA:

Llega el caballero acompañado de su escudero, Longaniza y Pandero.

CABALLERO-. Fue el color de su mirada
lo que hirió mi pensamiento,
y es cautivo mi contento
de su brillo a la alborada.
ESCUDERO-. Y, si el alma desolada,
con el mirar de mujer,
herir sabe y sorprender
a un infeliz peregrino,
a la vera del camino
brinda el amor más placer.

PANDURO-. Que, si es tierna la belleza
que el espíritu maltrata,
con la luz con que arrebata,
sabe mostrar su dureza.
LONGANIZA-. Porque, como en la maleza,
mirando el amanecer,
si la escarcha ha de encender
el desdén de su destino,
a la vera del camino
brinda el amor más placer.

CABALLERO-. Y, como rendido vivo
a semejante injusticia,
siento en ella la malicia,
pues espíritu es esquivo.
ESCUDERO-. Y, si tal dolor recibo
por maldad de una mujer,
que lo soléis padecer,
con veros ya mortecino,
a la vera del camino
brinda el amor más placer.

LONGANIZA-. Que duro es siempre el hechizo
que cautiva a los amantes
con dolores inconstantes,
con el hielo del granizo.
PANDURO-. Y, por amor, enfermizo,
para siervo suyo ser,
quedando ya en su poder
y aceptando el triste sino,
a la vera del camino
brinda el amor más placer.

CABALLERO-. Que, pues lo quiere el amor,
por el amor derrotado,
sé ponerme de su lado
y aceptar este dolor.
ESCUDERO-. Y, pues os duele el favor
de sentir ese dolor,
si os sabe ella al fin vencer
con ese desdén mezquino,
a la vera del camino
brinda el amor más placer.

CABALLERO-. Pero, al cabo, no me quiere;
pero al cabo, no me adora,
que, como luz de la aurora,
mi presencia no requiere.
PANDURO-. Mucho me extraña que hiciere
cosa tal, pues no es querer
prometer este placer
con ánimo repentino,
si, a la vera del camino,
no brinda el amor placer.

ESCENA TERCERA:

A la llegada de la dama, acompañada de las sirvientas, mientras los demás se esconden.

DAMA-. No me rindo a la poesía
que, con lisonjas baratas,
luce con oros y platas
su mucha palabrería.
SIRVIENTA 1-. Pues quiere la cortesía,
con sus muchas hermosuras,
acelerar las locuras
en el pecho malherido
que, por amor resentido,
siente las penas más duras.

DAMA-. No he de dejarme, ignorante,
a tan grata seducción,
si es dudosa la intención
de quien es grato y galante.
SIRVIENTA 2-.Porque, al ceder un instante,
vuelve las sedas oscuras
acelerar las locuras
en el pecho malherido
que, por amor resentido,
siente las penas más duras.

DAMA-. Y no es cuestión de un antojo
mostrar ese alegre enfado
a quien causar quiere agrado,
porque no es cosa de enojo.
SIRVIENTA 1-. Pues el amor que recojo
torna en traiciones seguras
acelerar las locuras
en el pecho malherido
que, por amor resentido,
siente las penas más duras.

DAMA-. De manera que no quiero
beber de la fuente fría
que sirve en galantería
ese amante caballero.
Y, siendo sensata quiero
no perderme en espesuras
ni acelerar las locuras
en el pecho malherido
que, por amor resentido,
siente las penas más duras.

SIRVIENTA 1-. Que lo dicta la prudencia
y lo pide la razón,
gobernando el corazón
con tan seca diligencia.
SIRVIENTA 2-. Y un galán, con insistencia,
con palabras tan oscuras,
prender puede las locuras
en el pecho malherido
que, por amor resentido,
siente las penas más duras.

ESCENA TERCERA:

Se descubren los que estaban escondidos.

DAMA-. ¿Vos aquí? ¡Vaya locura!
CABALLERO-. Es muy justo, mi señora,
si tal mirada enamora,
arriesgarme a esta aventura.
DAMA-. Luego la gente murmura,
y soy honesta mujer.
CABALLERO-. Poco le importa al querer
esa dulce honestidad.
DAMA-. Habláis con procacidad.
CABALLERO-. Hablo como debe ser.

DAMA-. Sois ingrato, caballero,
al mostraros imprudente.
CABALLERO-. Poco el decir de la gente
me ha de importar si algo quiero.
DAMA-. Partid ya, porque prefiero
veros dichoso partir.
CABALLERO-. ¿Nada tenéis que decir?
DAMA-. Que no hablen de mí las lenguas.
LONGANIZA-. Poco tememos las menguas
que nos pudieran herir.

CABALLERO-. Nacerá ya la alborada,
que, con su rayo travieso,
regalará al aire el beso
de su luz enamorada.
Y en el campo la nevada
se verá la brisa fría,
cuando, con melancolía,
el eco de su reflejo,
sabrá del color bermejo
de la luz del nuevo día.

Y el paisaje al fin despierto
aquel sol enamorado,
si el silencio desolado
mostrará el paraje muerto.
Que, en aquel lugar incierto,
siente callada la tierra
la tristeza de la sierra
bajo un cielo ceniciento
que sintió la voz del viento
desatada en plena guerra.

Y, pues sabe tanta muerte
aquel sol en su castillo,
rendido dice su brillo,
abandonado a su suerte.
Que, desolado se advierte
ese pincel soberano
que vuestro mirar lozano
me hace sentir tal amor
en un fuego abrasador
que nunca soñó el verano.

Pues del mismo modo muere,
cuando pierde la belleza,
toda la naturaleza
que el granizo avaro hiere.
Y, si la vida prefiere
mostrarse con lozanía,
con mayor melancolía,
el eco de su reflejo,
admiró el color bermejo
de la luz del nuevo día.

DAMA-. Destino es del ser humano
hallar el fin del camino
en que vive peregrino
en el tiempo más temprano.
Porque, acabado el verano,
la estación llega callada,
y, pues esta es la invernada,
no dudo yo, mi señor,
que muera tamaño amor
en esta noche apagada.

CABALLERO-. Quiere el amor que, asustado,
sufra su suerte inconstante,
que me quiere como amante,
y sujetarme a su estado.
ESCUDERO-. No quiere ser condenado
por este necio dañino,
para llorar, peregrino
la dureza del amor,
que, sufriendo tal dolor,
con su llanto hace camino.

LONAGANIZA-. Por eso siente dolores
de pensar en su tormento,
porque asediado lo siento
por su fuerza y sus rigores.
PANDURO-. Que son pocos los temores
para quien busca camino,
si es que llora el peregrino
la dureza del amor,
que, sufriendo tal dolor,
con su llanto hace camino.

PANDURO-. Y, así, del amor reniego
como quien teme sus iras,
su falsedad, sus mentiras,
las locuras de su fuego.
LONGANIZA-. Es tan solo un niño ciego,
pero también es mezquino,
porque llora el peregrino
la dureza del amor,
que, sufriendo tal dolor,
con su llanto hace camino.

CABALLERO-. Deja el amor más mezquino
este poso de amargura
que conduce a la locura
a quien sigue su camino.
Yo, porque soy peregrino
en un valle de tristeza,
siento que alegre bosteza
lo que despierta el engaño,
que será causa del daño
que me hiera con dureza.

Que tales son las maldades
de este muchachuelo vil
que vende al alma febril
la mezquindad por bondades.
Yo, que crueles mezquindades
con paciencia he soportado,
digo a ese niño malvado,
ya que siempre fue embustero,
con alarde traicionero
al vencer al descuidado.

Que juega a estar escondido
en el pecho que suspira
porque creyó la mentira
que le contó envilecido.
Yo, que me admiro rendido
y que vivo con mi duelo,
siento cruel al jovenzuelo
y a la par tan mentiroso,
que por su daño gozoso
confundo el infierno al cielo.

Que, entregado ya a la muerte,
siento que ese niño alado
con su dardo envenenado,
el daño que causa advierte.
Yo, que soporto su suerte
y el dolor de su fiereza,
siento que alegre bosteza
lo que despierta el engaño,
que será causa del daño
que me hiera con dureza.

SIRVIENTA 1-.Puede el amor traicionar
a quien sigue su consejo,
pues es niño, y, aunque viejo,
sabe con gracia engañar.
SIRVIENTA 2-. Que, en el ansia de dañar,
es tan cruel como mezquino,
y es que llora el peregrino
la dureza del amor,
que, sufriendo tal dolor,
con su llanto hace camino.

SIRVIENTA 1-.Y, pues es tan gran traidor,
suele tender su celada
a la gente sosegada,
que lo evita con pudor.
SIRVIENTA 2-.Siempre es gran perseguidor
del que escapa a su destino,
que es que llora el peregrino
la dureza del amor,
que, sufriendo tal dolor,
con su llanto hace camino.

SIRVIENTA 1-.Y es un joven despiadado
que, con mostrarse gracioso,
con su mirar temeroso,
su imperio impone y su estado.
SIRVIENTA 2-.Y, con ser disparatado,
gobierna con desatino,
donde llora el peregrino
la dureza del amor,
que, sufriendo tal dolor,
con su llanto hace camino.

SIRVIENTA 1-.Por eso sus ansias quiero
evitar, que siendo cruel,
suele ser como la miel
que recoge el colmenero.
SIRVIENTA 2-.Lejos tenerlo yo espero,
que parece mal vecino,
cuando llora el peregrino
la dureza del amor,
que, sufriendo tal dolor,
con su llanto hace camino.

ESCUDERO-. Y a fuerza he de confesar
lo que con gusto confieso,
que, si es tentación su beso,
sueño con su colmenar.
LONGANIZA-. Pero, temiendo acabar
en sus manos, mortecino,
triste llora el peregrino
la dureza del amor,
que, sufriendo tal dolor,
con su llanto hace camino.

CABALLERO-. Y, porque es mi suerte esquiva,
con más dureza me sigue,
con más afán me persigue,
y hasta mis pechos arriva.
LONGANIZA-. No hará falta que describa
su juego tan anodino,
si es que llora el peregrino
la dureza del amor,
que, sufriendo tal dolor,
con su llanto hace camino.

PANDURO-. Suelen ser los escritores
que cultivan la poesía
quienes, con melancolía,
nos retratan los amores.
SIRVIENTA 1-. Pero, si hay versos mejores,
que, sin tanto desatino,
entretienen el camino
con musicales acentos,
viven en mis pensamientos
y un elogio son del vino.

LONGANIZA-. Y el devoto que camina
por la villa del Señor,
con amor o desamor,
es el que más desatina.
PANDURO-. Y, si acaso lo domina
esa fe de peregrino,
que lo advierte mortecino
en sus tristes aposentos,
viven en mis pensamientos
mil elogios para el vino.

SIRVIENTA 2-. Que quien gusta en la bodega
de esta santa soledad,
si no espera en la piedad,
a otra nueva fe se entrega.
PAN DURO-. Porque, si en toda la Vega
es el sarmiento divino,
siendo en la Vega vecino
de las vides y sarmientos,
viven en mis pensamientos
más elogios para el vino.

LONGANIZA-. Porque sabe el mesonero
despachar, sin gran afrenta,
al que ha de pagar la cuenta
como fino caballero.
PANDURO-. De modo que, con esmero,
a costa de ser tan fino,
si la conciencia examino
en semejantes eventos,
viven en mis pensamientos
los elogios para el vino.

Y el singular desenfado
guarda dichoso el barril
que, con candor infantil,
dulcemente lo he catado.
LONGANIZA-. Y, pues está fermentado
(que tal era su destino),
con ademán repentino,
olvidando sufrimientos,
viven en mis pensamientos
mil elogios sobre el vino.

ESCUDERO-. Que es la vendimia un regalo
para quien gozarla sabe,
y de la dicha es la llave,
haciendo olvidar lo malo.
LONGANIZA-. Y, si a los buenos me igualo
y a sus goces me destino,
en las cortes inquilino
de sus tintos cenicientos,
viven en mis pensamientos
muchos elogios al vino.

DAMA-. ¿Por eso el tinto es esencia
de la dicha del gozoso,
la pena del quejumbroso,
del airado la violencia?
CABALLERO-. Y, en semejante pendencia,
pues ya la guerra adivino,
con un sueño mortecino
que me inspiran sus alientos,
viven en mis pensamientos
las esperanzas del vino.

ESCUDERO-. Vayamos a los mesones
a probar el mejor vino,
porque remedio es divino
para las altas pasiones,
que sobran las discusiones
y el profundo platicar.
SIRVIENTA 1-. Tal vez la brisa del mar
calme la furia de amores.
SIRVIENTA 2-. Apagará los rigores
de quien se siente acabar.

ESCENA CUARTA:

La dama se va.

ESCUDERO-. Conozco yo al mesonero
que, mostrando buen recato,
vende su vino barato,
y es alegre y pendenciero.
En ese lugar espero
que, olvidando el amorío,
presumáis del señorío
y el valor de vuestra hacienda.
CABALLERO-. En mis ojos una venda
me conduce al desvarío.

Quiere acaso la fatiga
del amor malos consejos,
porque los labios bermejos
algo son que al alma obliga.
Y ya la esperanza abriga
alcanzar tanta hermosura,
porque parece locura
regalarse a tal exceso,
siendo Cupido travieso
en la misma sepultura.

Pero escapar al amor
no es cosa fácil, pues vive
donde el pecho lo recibe
para hartarse de dolor.
Y, pues no otorga el favor
pues no sabe de mesura,
porque parece locura
regalarse a tal exceso,
siendo Cupido travieso
en la misma sepultura.

De esta manera, infeliz,
siento el amor que me abrasa,
entiendo que no se pasa
y me rindo ante su ardid.
Quiero por tanto la vid
de la que el vino se apura,
porque parece locura
regalarse a tal exceso,
siendo Cupido travieso
en la misma sepultura.

Y, pues soy hombre prudente,
quiero la fiebre evitar,
que, con la brisa del mar,
puede calmarse la frente.
Mas esta pasión ardiente
me conduce a la locura,
porque parece locura
regalarse a tal exceso,
siendo Cupido travieso
en la misma sepultura.

Y, si, sentenciado a muerte,
he de esperar mi condena,
que diga la luna llena
la desgracia de mi suerte.
Porque ese final me advierte
y el desenlace procura,
porque parece locura
regalarse a tal exceso,
siendo Cupido travieso
en la misma sepultura.

Que, al saberme condenado,
al mirarme ya vencido,
con decirme arrepentido,
la salvación no he ganado.
Y me siento así apartado
de todo bien y dulzura,
porque parece locura
regalarse a tal exceso,
siendo Cupido travieso
en la misma sepultura.

TELÓN

2013 © José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

Teatro


José Ramón Muñiz Álvarez
JORNADA CUARTA DE “EL CABALLERO VENCIDO O EL
AMOR QUE NO SE ENTREGA
(breve representación
dramática)

ESCENA PRIMERA:

La dama, acompañada de sus damas, dialoga con el duque al amor de la lumbre de la chimenea del palacio del duque.

DUQUE-. Pues es el vino hablador,
pues que lo es en demasía,
hablar hace en pleno día
de las galas del amor.
DAMA-. El vino, dulce licor
que del alma se apodera.
DUQUE-. El amor, la rara espera
que en tristeza se convierte,
porque el amor es la muerte
si en el desdén desespera.

Siglos de gran amargura,
con acento quejumbroso,
en su aliento poderoso
supieron la sepultura.
Porque con ansias apura,
ese dolor, si es destino,
que no existe otro camino
ni, en la senda de la vida,
es posible otra salida
que ese desierto mezquino.

DAMA-. Y el rey llora en su aposento,
en el lecho, con tristeza,
viendo que ya la realeza
pierde al paso de un momento.
Nadie mira con contento
el lugar donde se sienta.
DUQUE-. Y el príncipe se lamenta
viendo el destino cercano,
porque hasta el amor lozano
de su esperanza se ausenta.

SIRVIENTA 1-. Y se queja el caballero,
que, a pesar de su nobleza,
cuando a la vida bosteza,
sabe el suspiro postrero.
SIRVIENTA 2-. Y contempla el escudero,
cuando, próxima, la advierte,
esa desdicha tan fuerte
que es amar y no tener
ese beso de mujer
que hasta el alma deja inerte.

SIRVIENTA 1-. Y, pues arden en el fuego
la edad y la blanca leña,
sabe bien quién es la dueña
de su futuro el labriego.
SIRVIENTA 2-. Que sabe que vendrá luego,
prometiendo la dulzura.
DUQUE-. Tuvo mayor hermosura
la luz que, con lozanía,
los ventanales abría
de la mirada que apura.

Y, al recordar la belleza
que le diera más ornato,
el tiempo fugaz e ingrato
le dio su amarga certeza.
Y, en la mezquina maleza
ya la luz de la mañana,
si otras veces la halló ufana,
no la admiró ya tan bella.
DAMA-. Tal vez la belleza en ella
era una llama temprana.

DUQUE-. Es el tiempo traicionero
con los que, simples mortales, 
ven las horas desiguales
escapar en el sendero.
Y el destino es duro acero,
si tal destino depara,
que corre el tiempo y no para
cuando busca la salida
del camino de la vida,
sabiendo la edad avara.

Por eso es amar, señora,
la severa prioridad
que se suplica a la edad
cuando amanece la aurora.
DAMA-. Si la dicha se demora
y la belleza marchita,
jamás la virtud irrita
cuando pura se derrama.
DUQUE-. Sois honesta y casta dama.
DAMA-. Y vos un galán que incita.

SIRVIENTA 2-. Muestra la muerte, contenta,
su poder, con gran alarde,
que al valiente y al cobarde
sabe enfrentar en la afrenta.
SIRVIENTA 1-. Y, si el que fugarse intenta
ve su rostro descarnado,
en el silencio callado
que nos arranca al vacío,
nos conduce al señorío
de su triste principado.

SIRVIENTA 2-. Porque loca es la imprudencia
de olvidar que en el camino
asalta al que, peregrino,
temblar suele en su presencia.
SIRVIENTA 2-. Falta siempre de inocencia,
Viste raros antifaces.
Y es que sus mañas audaces
cuele mostrar, siendo fuerte,
con arrogancia, la muerte
que desnuda sus disfraces.

DUQUE-. Por eso digo, y no en vano,
que aprovechar el calor
que nos ofrece el amor
es lo más justo en verano.
Y es el momento temprano
de la aurora de la vida
el verano que convida
a gozar sus sentimientos.
Todo han de ser desalientos
en la invernada dormida.

Que la muerte la riqueza
del poderoso en su gloria,
da al olvido su memoria,
y del pobre en su pobreza.
SIRVIENTA 2-. Pues, si el rigor es dureza
en esa triste guadaña,
sabed que siempre nos daña,
si se acerca, sigilosa,
cuando pronuncia quejosa
la palabra que no engaña.

Que, con las manos heladas
y el granizo en el aliento,
siempre es risueño el acento
de sus palabras calladas.
Y, a regiones apartadas
en ese reino olvidado,
con un silencio callado
que nos arranca al vacío,
nos conduce al señorío
de su triste principado.

DUQUE-. Pero hablemos de alegrías
para animar la velada,
porque un alma cultivada
no quiere melancolías.
DAMA-. Son extrañas cortesías
las que piden estas cosas,
que hablar de cosas hermosas
para raudo seducir
es como acaso pedir
exquisiteces golosas.

Que, agradecida, señor,
de tan caro alojamiento,
del portentoso sustento,
niego si acaso el amor.
DUQUE-. No me hacéis un gran honor
en tanto que mi apetito
se queda en un rostro escrito
que es el vuestro, y lo diré.
DAMA-. Pues sois atrevido y sé
que eso es pecado y delito.

DUQUE-. Son, como el más generoso,
los placeres del amante,
cuando, capricho inconstante,
hacen perder el reposo.
SIRVIENTA 1-. No se engañe el que, gozoso,
sienta el amor en su ser:
Pues promesas de placer
son las que ofrece Cupido
para, tras haber mentido,
sus pasiones encender.

Que promesas y maldades
son lo que engendra el amor,
cuando, con tanto dolor,
esconde sus caridades.
DUQUE-. Muchas son sus mezquindades
Que han ahogado mi respiro.
Por esa razón suspiro,
por esa razón me quejo,
y, siendo joven, es viejo
el amor en que deliro.

Y justo es que así lo diga
el que en la bodega sueña
y en hallar vino se empeña
que deshaga su fatiga.
Pues a esta maldad obliga
el amor, si es pendenciero,
que he de aliviarme, si quiero,
con las glorias del licor,
porque su dulce sabor
el alma llena de esmero.

ESCENA SEGUNDA:

El duque se retira a sus aposentos, algo mohíno, mientras la dama y sus sirvientas se quedan al fuego.

DAMA-. Pudo, encendido y valiente,
pues era tal su querer,
ver en llanto aquel placer
que tornado se ha doliente.
SIRVIENTA 1-. Lo llaman amor ausente,
mas yo digo sinrazón,
que, sin saber la razón
de ese mal que lo retiene,
de nuevo al llanto se viene,
destrozado el corazón.

SIRVIENTA 2-. Pues la gran sabiduría
de los sabios, en verdad,
dice que es enfermedad,
si con calores se enfría.
DAMA-. Roba al alma la alegría
y la torna en desazón.
que, sin saber la razón
de ese mal que lo retiene,
de nuevo al llanto se viene,
destrozado el corazón.

Y, pues hace gran alarde
del poder del que es señor,
maldecir quiero el amor,
y a Dios pido que me guarde.
Bien diréis que soy cobarde,
pero no será objeción,
que, sin saber la razón
de ese mal que lo retiene,
de nuevo al llanto se viene,
destrozado el corazón.

2013 © José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Infancia



“LA INFANCIA ES UNA EDAD QUE QUEDA LEJOS” O
“SI NO ES  TIEMPO YA DE SE UN NIÑO” 
“Breve canto prosístico con tonalidades
melancólicas sobre
la niñez perdida” 
por José Ramón Muñiz Álvarez
 Dedicado a sus sobrinos,
Mael y Jimena,
quienes,
como todos, en el fondo 
de su ser,
jamás dejarán de ser
los niños que son 
ahora.




La infancia es una edad que queda lejos, perdida en lo brumoso de los años, que avanzan como el agua por el río que corre con apuro hacia los mares. Y, lejos la niñez, uno recuerda los tiempos de un  ayer que ya no existe, perdido en el afán y en la corriente que arranca los segundos y las horas. Los tiempos más dichosos, sin embargo, despiertan en el alma que los tiene callados, contenidos, porque el es fácil guardar como un tesoro los recuerdos. Y el caso es que hay momentos que conducen a recordar las tardes que se esconden en un otoño gris, cuando llovía, si luego salió el sol, lleno de fuerza: el sol dejó en el verde de los prados su aliento de coral, el oro bello que pudo reflejar aquella hierba, después de la tormenta repentina. Y todo se hizo hermoso de repente, de pronto ardió la magia de los cuentos en ese mundo hermoso de los niños, pues ellos suelen ver con agudeza. El alba que despierta en lo lejano, la llama del crepúsculo, a la noche, los vuelos en la charca de un insecto y el paso de la oruga en el camino nos hacen regresar, hallar el arte de ver, como los niños, cuando miran el mundo que se muestra, que se mira, y en quien lo interioriza y lo construye.

Pues son esos los años en que todo parece descubrirse como nuevo, y es siempre emocionante ver las flores que llenan de color un mundo vivo. Un niño, cuando ve una margarita, podrá experimentar las sensaciones que olvidan los adultos, pues no saben que, en algo tan sencillo, está el asombro: el beso de su polen y el destello febril de los colores irradiantes nos dicen la verdad de la belleza del mundo que inaugura cada vida. Pues uno inventa el mundo ya con verlo, saberlo, adivinarlo, hacerlo suyo, que el niño es como un dios ilusionado que puede alzar de nuevo su grandeza. Los montes son hermosos si las cumbres las mira uno cubiertas por la nieve, las aguas del arroyo tienen fuerza, dejándose llevar a su destino, y en su cristal es fácil ver los fondos poblados por el parvo renacuajo, que es pez más que un anfibio (que un muchacho no suele ser con esto puntilloso). Por eso los que escriben la poesía, las gentes que nos llenan de poesía, las almas que suspiran, escuchándola, la luz de la poesía melodiosa, son niños en el fondo, son pequeños que viven respirando sus esencias, chicuelos inocentes inventando las cosas con la fuerza en su mirada.

Yo sé que cada niño es un tesoro, yo sé que cada adulto es un tesoro, si esconde un niño dentro de su pecho, pues habla desde el pecho nuestro espíritu, y el alma, siempre niña, es el milagro que muestra cada brillo en los metales del oro que se esconde en ese cofre que guarda la niñez ante los tiempos. Dejad que el niño crezca, pero siempre tendréis un niño dentro, pues sois niños, igual que yo, que, niño, sé deciros que el mundo es un jardín sin desalientos. Y no existe en el mundo más pureza que la que quiere el niño cuando observa los bichos del camino, si no fueran los pájaros que vemos en el aire. De niño, yo soñaba con los duendes, los viejos enanitos, cuya barba colgaba, encanecida, de su rostro, cubierto por un gorro puntiagudo. Los gnomos habitaban en los níscalos, los blancos champiñones del otoño, quién sabe si en las bellas amanitas que pueden dar la muerte con un beso. Las cuevas escondían los dragones de escamas verdes, llenos de peligro, si acaso el caballero, con su lanza, quería ir a salvar a la princesa. La noche del autillo y de los cárabos llenaba dos mil páginas de un libro cuajado de poesía y de belleza que hablaba de la rara fantasía.

Yo vi, en aquellos años, la gaviota cruzar el cielo azul, pero nublado, con vuelo circular, pues siempre dicen en su lenguaje oculto, cuando llueve. Y vi también volar a las palomas a las que echaban pan algunas viejas, y vi que los gorriones se escondían del vuelo peligroso del milano. La ardilla de los bosques era un lujo que no gocé yo a diario, pero había por mágicos lugares mil ardillas, discretas al notar nuestra presencia. Y yo las vi, saltando por las ramas, corriendo entre las densas arboledas que ofrecen los otoños con colores hermosos de hojarascas moribundas. Y supe comprender lo que decían las aguas del arroyo, de camino, cruzando el pueblo, yendo hacia esos mares que saben a aventuras de otro tiempo. Y el agua, en su descenso, cristalina, me dijo la verdad, me dio su fuego, si gana de vivir, dicha en secreto, tal vez en un susurro perezoso. Y hallé que el ratonero era precioso, con esa majestad tan poderosa, con esa majestad casi envidiable que invita a tener alas por el cielo. Y supe comprender a la libélula prendida entre los hilos que tejieron las patas de la araña, que, malévola, dispuso aquella trampa junto al agua.

Las aguas del Noval corren tranquilas, sinuosas, no muy lejos de ese bosque que junta el eucalipto a los castaños y al roble que desnuda su belleza. Y vuelvo por las frondas donde quise amar esas imágenes y cantos que hicieron que la infancia fuese bella, soñando libertades imposibles. La Fuente de los Ángeles nos dice que llega ya el otoño con su canto: su curso es, en los meses del otoño, pausado, miserable, sosegado. Quedó el verano atrás, tiempo de playa, de pesca muchas veces y de riñas con esos compañeros que comparten los años de la infancia que se fuga. Perán es un lugar maravilloso, la playa en que se forma la bahía que cierra ese lugar donde pescábamos cangrejo verde en tardes calurosas. La espuma de las olas de esas aguas que entraban a engolfarse, en los vocales, traía nuevas presas a las redes de nasas con carnada suficiente. También tenemos rutas que prometen si el caso es caminar en bicicleta, perdiéndose entre montes y eucaliptos, allí donde se plantan los maizales. La carretera es mala y tiene baches, pero eso importa poco cuando gusta dejarse a la aventura del camino.

Es bello recordar esos verano, es bello revivir esos momentos de dichas encendidas, de placeres hermosos, cuando el mundo aun era mundo. Y la visita alegre de los primos, que vienen, muchas veces, en verano de la Argentina inmensa de los mapas, perdidas en confines impensables. Y el gusto por estar en esta tierra tan fértil, tan idílica que es justo decir que este vergel es solo nuestro, parcela del Edén para nosotros. Que el hombre del concejo siente suya la tierra en que nació, la tierra suya, paisajes suyos llenos de belleza, con vientos del Cantábrico al nordeste. Entonces yo dormía en la buhardilla de aquella anciana dulce que solía mimarme como nadie, aquella abuela de pelo encanecido y mirar bello. El canto del autillo en la buhardilla, jugar con las pinturas, dibujando los rostros de leyendas y relatos llenaba de ilusión mi fantasía. Pues cierto es que el carácter que yo tengo se muestra tan romántico que, a veces, se vuelve a lo mistérico y profundo, buscando aquellos tiempos en que había fantasmas en las casas solariegas, princesas en las fuentes y los charcos y lobos en los montes de la zona.

Al cabo, el soñador es siempre libre de alzar su sueño al alto, que su sueño, colmado de belleza y de ternura le dice mil verdades de sí mismo. Y entonces son verdad esas leyendas cantadas en romances por juglares a reyes en castillos del antaño que hubisteis de admirar oyendo cuentos. Y entonces son verdad esos gigantes que llenan la aventura de novelas que cuentan la victoria, en los torneos, del caballero firme y con arrojo. Y entonces son verdad viejos amores de un escudero triste y la princesa que huyó de su palacio, temerosa, de alguna buja vil y granujienta. Y escrito está en los libros el suceso que nunca ha de ocurrir, pero que puede volver a ser verdad cuando suceda, llenando nuestra viva fantasía. Pues cierto es que hubo reyes y castillos, y cultos precristianos donde dicen que brujas alcanzaban a los buenos, por no mezclar dragones con los saurios. Que acaso es la poesía nos devuelve la magia de soñar que hemos perdido nadando entre papeles de oficina que el chupatintas mira sin apuro, sabiendo que su vida es desconsuelo, sabiendo que, aunque amargos, esos cálices los ha de soportar, porque no es niño, si es que no es tiempo ya de ser un niño.



2014 © José Ramón Muñiz Álvarez

miércoles, 22 de octubre de 2014

Para María Muñiz


              La luz del alba halló, para María,
pinceles que, en el alto firmamento,
quisieron festejar un nacimiento,
al tiempo que su brillo se encendía.
              Y quiso el aire ser, la brisa fría,
aroma en la belleza de su aliento,
perfume que la llena de contento
allí donde el crepúsculo moría.
              Y todo es festejar esa belleza
que siente la dureza del hechizo
que sabe preludiar el aguacero.
              El alba corre ya, se despereza,
tejiendo, como mares de granizo,
la dulce claridad que en ella espero.

2014 © José Ramón Muñiz Álvarez