martes, 11 de diciembre de 2012

Los requiebros amorosos




LOS REQUIEBROS AMOROSOS
Los requiebros amorosos
bien haría en olvidar,
puesto que causan pesar
los pensamientos fogosos.
Tras momentos tan hermosos
se enciende la sinrazón,
y es mengua del corazón
que se siente acorralado.
¿Pues estar enamorado
no es dejarse a la traición?

Bien me dice el corazón
que no es fuente de placer.
Tal materia conocer
es de gente de razón.
Mas debe haber opinión
que contradiga el sentido.
Me parece divertido
que haya gente para todo,
y he de decir, de este modo,
que es el caso un sinsentido.

Por amores consumido
aquí estoy, que de amor muero,
y esta pasión la prefiero
pese a todo lo sufrido.
Y me digo arrepentido
como un loco delirante
que, mudando en un instante,
quiero servir al amor.
Si no me hace gran favor,
que es maldición del amante.

Pero lo más inquietante
es que el amor es vicioso.
Pues si turba mi reposo,
me hace ser más inconstante.
Mas me quiero verme errante
que en la red del niño alado.
Es Cupido niño airado
que la fortuna desecha,
si lanzándome su flecha,
otra vez me ha capturado.

2012 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Canciones de un trovador”
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

Quiso admirar la mañana



QUISO ADMIRAR LA MAÑANA

Quiso admirar la mañana
en vuestro mirar hermoso
ese brillo receloso
del que ya sois soberana.
Que la alborada temprana
muestra toda la poesía
si se asoma al alma mía,
que esclava de vuestros ojos,
desdenes sufre y antojos
que se encienden si se enfría.

Y es que al mirar vuestros ojos,
contemplando la hermosura,
siento el hielo y la tortura
que me inspiran los enojos.
En mi pecho los arrojos
quieren empujar la vida
a una dicha que suicida
ha de hacerme venturoso,
porque, falto de reposo,
doy la vida por perdida.

Y, pues derrotado vivo
y espero vuestra clemencia,
lamento con impaciencia
que hiráis con el dardo esquivo.
De esta manera os escribo
en un estilo halagüeño,
porque quien es tan pequeño,
tan miserable, prefiere
regalarse a quien lo hiere,
mostrando su loco empeño.

2012 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Canciones de un trovador”
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

Quieren las rimas primores




QUIEREN LAS RIMAS PRIMORES

Quieren las rimas primores
y hay que saber escribir,
pero es difícil decir
con palabras los amores.
Arte de los trovadores
pide a voces el amor
y es difícil que el valor
mezcle al ingenio sus galas,
pero vuelen ya las alas
y al verso den su color.

Se hace raro comenzar
la redacción del escrito,
que publico mi delito
al decir que quiero amar.
Escribir es fracasar
si al escribir con engaño
se prepara el desengaño
quien redacta la poesía,
pero es tal la pena mía
que mayor no será el daño.

Y, pues es complejo el arte,
no me habré de demorar,
que preciso es apurar
para acabar esta parte.
Y es posible que descarte
muchas rimas y ocurrencias,
que las groseras sentencias
no han de ofender a la dama
que, si mis veros declama,
no ha de notar mis licencias.

De manera que el inicio
manda arrogante el amor
a quien, sin ser escritor,
siervo escribe sin oficio.
Dirán que es obra del vicio
y el aliento más perverso,
hablar de ese rostro terso
que al alma deja hechizada,
mas el alma enamorada
ya me anuncia el primer verso.

2012 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Canciones de un trovador”
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

Estas claras primaveras




ESTAS CLARAS PRIMAVERAS

Estas claras primaveras
que pasaron me han vencido,
y, viéndome ya rendido,
lloraba por las riberas.
Pasó el verano y, sinceras,
las luces del sol mostraron
que los amores domaron
con sus caprichos y antojos.
Y los ánimos más flojos
en mostrarse no tardaron.

Y qué pronto arrebataron
los perfumes amorosos
esos ánimos gozosos
que primero me inspiraron.
Parece que me atacaron
con su furia y sus azares,
que, a la orilla de los mares
son las espumas conscientes
de los dolores mordientes
en horas crepusculares:

doblegado en los altares,
el amor que me atormenta,
el nuevo otoño alimenta
las pasiones y pesares,
porque gustan los azares
de causar mayor mancilla.
el llanto en esta orilla
donde miro mar y cielo,
y, sintiéndome ya hielo,
siento que, acaso, me humilla.

Pues parece maravilla
que el amor así se enrede,
y, como es mal que no cede,
su solución no es sencilla.
Sabe abrochar bien la hebilla,
y dañino se aprovecha,
porque, lanzando la flecha,
hiere con fuerza más cruel.
Es atrevido corcel
que raudo y violento acecha.

2012 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Canciones de un trovador”
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.