domingo, 20 de enero de 2013

Peña Furada de Candás (Asturias)


Arqueros del alba


Para María Dolores Menéndez López


Soneto I


            El viento helado que rozó el cabello,
llenándolo de escarcha y de blancura,
no osó matar su hechizo, su ternura,
sus luces, sus bellezas, su destello:
            Manchado de granizo fue más bello,
más puro que la nieve cuando, pura,
desciende de los cielos, de la altura,
tan diáfano que el sol luce en su cuello.
            Hiriéronla los años, la carrera,
el rápido correr hacia el vacío,
más no perdió la luz de su alegría.
            Sus risas, floración de primavera,
fluyeron como, rápida en el río,
el agua en su correr, helada y fría.

2005 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Las campanas de la muerte”
Primera parte: "Los arqueros del alba"
Todos los derechos reservados por el autor.





sábado, 19 de enero de 2013

No dijo la verdad aquella llama





       No dijo la verdad aquella llama
que vio la luz primera cuando el día
rompía en lo lejano, entre las sierras.
       También mintió el coral bajo los mares,
sabiendo que las luces y destellos
no pueden penetrar en esos reinos.
       Y no se pronunció el aire sagrado,
sabiendo que la brisa fatigada
acaso sospechaba lo ocurrido.
       Mas fueron viejos cómplices los mirlos,
los tiernos ruiseñores en los árboles,
el canto del cuclillo en la espesura.

2013 © José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Allá donde se van los azulones




      Las tardes se hacen largas cuando nieva
y duermen, escondidas por las sombras,
las sierras en las horas de la noche.
      Las tardes se hacen largas cuando nieva
y el viento deja un eco de tristeza
al pronunciar sus llantos con su aliento.
      Las tardes se hacen largas cuando nieva
y mueren congelados los estanques
que fueron el hogar de tanta vida.
      Veréis partir al fin, con raudo vuelo,
al ánade que tiembla, al retirarse
allá donde se van los azulones.

2013 © José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

No digáis que el febril abandono


       No digáis que el febril abandono
en que quedan las tierras es triste,
pero acaso se deja al abismo
el recuerdo de aquellos momentos:
      el enero que llena de escarcha
las colinas y bosques del reino,
el silencio que gime a la noche,
sospechando las nuevas ventiscas,
      el dolor de los viejos espíritus
que imaginan las gentes del campo,
esos duendes que nadie conoce
y que pueblan las mentes de todos.


2013 © José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

   


Volaron las bandadas de estorninos


      Volaron las bandadas de estorninos
buscando aquella voz, cuando diciembre
dejaba otro suspiro entre las cumbres
      Las horas de nevada comenzaron
con esa ingenuidad llena de hechizos
que sabe cautivar con su blancura.
      El hielo se hizo hermoso en cada prado
negando los colores de las briznas
de hierba que esperaban otro marzo.
      Y luego los deshielos y los cauces
por donde corre el agua, que apurada,
persigue esas mansiones que no existen.

2013 © José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

El alba bostezaba





     El alba bostezaba,
mirando en lo lejano un horizonte
confuso como el beso de la bruma.
     Las luces que bordaron
castillos con reflejos encendidos
se vieron nuevamente en los arroyos.
     Los viejos castañares
supieron que el otoño se encendía
con brisas y granizos repentinos.
     Y el sol, como un anhelo
que se alza a las alturas suplicante
lloró el verano ausente en las regiones.

2013 © José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

Crepúsculo


         Mezquino fue el domingo que moría. Las horas detenidas, apagadas, dejaban en el aire su veneno de rancio olor, retazos de miseria. No lejos, la estación, donde los trenes solían arrancar a media tarde, buscando ese destino sin retorno. Las calles que la lluvia maltrataba, monótona, en lamentos y gemidos, dejó mayor tristeza en el ambiente. Se oyeron los ladridos de los perros. Sonaba en su concierto interminable, con cantos desolados que entonaba, con rara sobriedad, el aguacero. El mundo era ya gris, y sin la magia que dejan los colores encendidos,sintió el dolor, la pena, la fatiga.Mas ella, desde aquella balconada,supuso que era lógico ese acento que trajo su terrible fatalismo. Y el sol llegó por fin a su crepúsculo.


2013 © José Ramón Muñiz Álvarez
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El fin de la otoñada



         Nació lejana y triste la alborada. Los viejos castañares, los hayedos supieron de las lluvias repentinas que trajo aquel otoño despiadado. Crecieron los arroyos mortecinos que corren de las cumbres a los mares, dejando en el ambiente su lamento. Las hiedras dibujaron sus diseños anárquicos, trepando en los robledos que esconden a los cárabos dormidos.
         La luz voló a la altura con sigilo. El aire endemoniado iba rasgando los velos de las densas hojarascas, heridas por los pardos de la muerte. Aquello era una fiesta de colores, mostrando sus rojizos y dorados, los ocres mortecinos, melancólicos. Y, siempre juguetonas, las ardillas, haciendo los deberes, preparaban las horas prolongadas del invierno.
         Y, pronto, ardió, luciente el mediodía. Las nieves se admiraban en las cumbres, lejanas en las altas fortalezas que quiso más violentas la caliza. Las sierras, elevando sus puñales, querían alcanzar los nubarrones, oscuros como un mar ennegrecido. Aquella soledad forjada en hielo, romántica, decía sus palabras, abriendo su sentido a lo profundo.
         Y, al fin, vino la tarde, siempre triste. Las horas vespertinas, pegajosas, acaso son salmodias aburridas que ofrecen, con crueldad, sus apatías. Y no se escucha ya el reclamo amargo de cientos de estorninos que, de golpe, se fueron a lugares tan remotos. Parece que la muerte se ha instalado por reinos donde siempre los deshielos anuncian nuevas nieves y granizos.


2013 © José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.


viernes, 18 de enero de 2013

Sabores marinos




        La espuma de los mares se hace olvido. El puerto ve las tardes silenciosas que dejan un lamento en las entrañas del tiempo que camina lentamente. El sol avanza firme hacia su ocaso, calmado, malherido y sentencioso, sabiendo que la noche se aproxima. Los ocles que descansan en la arena se olvidan de las aguas y el salitre que vieron el origen de las algas.

        La espuma de los mares se hace olvido. La brisa llega suave y las estrellas crepitan en los cielos más oscuros que quieren abrazarse con la luna. Las lanchas sienten ese balanceo que quieren, cuando llegan de lo lejos, las olas que las mecen blandamente. Y vuelan las gaviotas despistadas que tornan a la costa, tras las horas de mares, de cantiles y horizontes.
        La espuma de los mares se hace olvido. Las brumas que los viejos marineros sintieron en su carne no se extinguen y vuelven a tomar reinos dormidos. Es alto el precipicio que, vehemente, admira en lo lejano un horizonte que funde sus abrazos con los cielos. ¡Qué bello es el destello de los faros que alumbran en los puertos de las costas que deja contemplar la orilla agreste!
        La espuma de los mares se hace olvido. Las islas que conocen a las aves nos hablan de petreles, cormoranes, charranes y otros pájaros diversos. No faltarán jamás viejos albatros que visten con gran gala esa librea que enseñan orgullosos y elegantes. Y el horizonte es canto entre los cantos, abriendo sus paisajes infinitos a sueños imposibles para el hombre.



2013 © José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.


martes, 8 de enero de 2013

Sonetos de Niederösterreich


I

        El mes abrió las puertas al granizo
que quiso dibujar valles nevados,
y, como los arroyos desbordados,
un mágico violín rizó su hechizo:
        un trémolo que raudo se deshizo,
susurro de los valles olvidados,
los montes pudo ver alborotados,
sospecha del enero primerizo.
        La música batió toda hermosura,
sabiendo que los valles del olvido
pudieron ser un halo de poesía.
        Y Schagerl el feliz violín apura,
sacando de su cuerda ese sonido
que enciende la más bella melodía.

II

        Los Alpes admiraron en la altura
las tierras más humildes, las colinas,
lugares que las brisas peregrinas
suponen junto al agua que murmura.
       Y nace de la fuente, siempre pura,
que a Mahler inspiró, si, cristalinas,
las aguas, con las músicas divinas,
discurren anunciando su dulzura.
       Querrá beber purezas el deshielo
cuando, llegada ya la primavera,
su aliento se haga canto perezoso.
       Podrá ser más azul el alto cielo
que ver la luz del sol acaso espera,
sin altas cumbres, lleno de reposo.

José Ramón Muñiz Álvarez
Todos los derechos reservados.

lunes, 7 de enero de 2013

LAS VOCES SILENCIOSAS DE OTRO ENERO


LAS VOCES SILENCIOSAS DE OTRO ENERO


PRIMERA

          Hoy Viena ha despertado melancólica, dejada a las penurias de un enero que espera nuevas nieves en la helada. No importa esa resaca que dejaron las horas de ajetreo y de los bailes que hicieron de la música un milagro. Y el eco de la lluvia en su descenso nos trae recuerdos mágicos de días que ven un sol radiante en las alturas. Es leve la caricia de la aurora que llega con tardanza descubriendo sus luces y dorados, sus grisallas. La luz del sol se filtra entre las nubes, queriendo penetrar en esos reinos que el hielo ganar pudo sin esfuerzo. No falta una batalla, pues es tiempo de noches y de inviernos que no ceden, sabiendo del silencio que ha vencido.


SEGUNDA


          Las tardes del invierno saben tristes, al ver, tras el cristal de la ventana, las nieves que descienden con paciencia. El viento corre rápido en la calle, callado y solitario, como el hombre que enciende el cigarrillo sin un rumbo. Y el ritmo del granizo repentino parece darle brillos apurados al lánguido concierto del asfalto. Pero antes del crepúsculo que incita al llanto y al dolor, con alegría, veréis el entusiasmo en los hogares: no todo es desolado en ese mundo que anegan furibundos temporales que hieren desde el este sin clemencia. La noche caerá pronto, y con la noche, Herr Schagerl ha dejado los ensayos, la vida repentina de los músicos.


TERCERA

          Qué fácil suponer que ya ha llegado, que, entrando por la puerta, su familia lo espera, sin paciencia, pues es hora. Hoy es nueve de enero y es preciso que Schagerl sea feliz y que disfrute, dejando atrás tensiones cotidianas. Él deja su violín, y, ya cansado, se sienta en el salón junto a la esposa, que esconde una sorpresa a su marido. Y, al ser nueve de enero, los recuerdos afloran de un lejano Niederösterrich que no está tan atrás, al fin y al cabo. Al fin llega el momento del descanso, pues Viena, con su vida tan urbana, pudiera confundirse a un torbellino. No faltarán las nieves esta noche, mas hay calor en casa, y el afecto de dos hijas hermosas que lo adoran.



CUARTA


          Ya es tiempo de los goces en familia.



QUINTA

          No importa si ha crecido alguna cana si el alma es la de un niño cuando toca y luce su talento el viejo Schagerl. No falta en él la gracia y la maestría que lo hace ser la luz de PhiliTango, y es parte de la insigne Filarmónica. Es Schagerl, además, muy tolerante, cortés, gentil, querido entre las gentes que saben apreciar su cortesía. El suyo es un espíritu que mezcla la magia de los valses del antaño y el jazz ruidoso de los nuevos tiempos. Es clásico y moderno, porque sabe que esconden la poesía en cada nota las musas que regalan bellas artes. No cabe duda, en fin, que su linaje procede de una raza, cuyo brillo se advierte en un destello, cuando mira.


José Ramón Muñiz Álvarez

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domingo, 30 de diciembre de 2012

Soneto



        Miré y la luz del sol, con bella gala,
mostró en sus ojos bellos otro día
y al ver que la hermosura de María
la luz del sol enciende si lo iguala.
        Los suyos son los ojos del impala
que busca junglas densas en la umbría,
dejando la sabana que solía,
esa llanura triste, estéril, mala.
        Acaso hay un lugar del cristalino
que sabe a fe, bondad clarividente
que corre como aliento a la deriva.
       Acaso en su pupila es peregrino
el brillo que refleja reluciente
la luz que es en su espejo más esquiva.

2012 José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

miércoles, 26 de diciembre de 2012

RÉPLICA

En estos días próximos a la celebración del Año Nuevo, momento en que la Orquesta Filarmónica de Viena alcanza su mayor protagonismo a nivel mundial, ciertos periodistas morbosos intentan enturbiar la imagen de la formación. EL CURUXÍN D'ASTURIES se une a la protesta de quienes piensan que esa acción contra músicos tan excelentes es inadecuada.

http://culturaextempore.blogspot.com.es/2012/12/sobre-las-criticas-contra-la.html

viernes, 21 de diciembre de 2012

Sintió el alma prisionera

Sintió el alma prisionera,
al mirar la balconada,
donde una dulce mirada
lo engañó con su quimera,
porque, rendido a la espera,
mirando con gesto huraño,
fue dichoso con el daño
que lo tuvo malherido,
que, por amores rendido,
lamentó su desengaño.

Y el lamento de la fuente

que escuchaba su lamento
respetó el vencido aliento
del amor incandescente,
cuando la dulce corriente
lo admiró, al brotar del caño,
dichoso con aquel daño
que lo tuvo malherido,
que, por amores rendido,
lamentó su desengaño.

Y dijo: "Quiera el destino

que se muestra caprichoso
que, pues es tan doloroso,
no me vuelva a mí mezquino,
porque mi mal adivino,
si sospecho un mal tamaño,
pues, dichoso con el daño
que me tuvo malherido,
por los amores rendido,
sufriré mi desengaño.

Quiera también la osadía

que conozca la alborada
el color de la mirada
donde hallé la luz del día,
porque, como nieve fría,
se torna ese hielo extraño,
si, dichoso con el daño
que me sabe malherido,
por el amor encendido,
lloro yo mi desengaño".

Y, al confesar su tristeza

donde duerme silencioso
el arroyo rumoroso
que da riego a la maleza,
halló cruel tanta aspereza
cuando, al pie de aquel castaño
fue dichoso con el daño
que lo tuvo malherido,
que, por amores rendido,
lamentó su desengaño.

José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Quiso el brillo silencioso

Quiso el brillo silencioso
despertar, a la alborada,
esa blancura cuajada
con su bostezo gracioso.
Así el horizonte hermoso
descubrió su alto castillo,
que, al contemplar en su brillo
esa llama de hermosura,
sospechó la nieve pura
en el color más sencillo.

Y, entre la densa maleza
que llenaba cada prado,
como si hubiera nevado,
vio en la helada la aspereza.
Mas sorprendió la pureza
de la helada mortecina,
cuando la luz blanquecina
cubrió, tras horas de hielo,
la blancura que en el suelo
dejó la noche mezquina.

Y, entonces, el caballero,
corriendo la pradería,
admiró la luz del día,
contempló el primer lucero.
Que, con el rayo primero,
cabalgando con apuro,
cruzar supo el valle oscuro,
bajo el claro resplandor,
para buscar el amor
bajo un cielo azul y puro.

Y los hayedos dormidos
y los altos castañares
lo vieron donde los mares
murmuran adormecidos.
Por el otoño vencidos,
lo adivinó el arroyuelo,
y lo miró el mismo cielo,
cuando gritar supo al día:
"Que viva la dama mía,
aunque es fría como el hielo".

Y, siguiendo su camino,
apurando su caballo,
tan ráido como el rayo,
cruzó el paisaje vecino.
Y el arroyo cristalino 
lo contempló en su desvelo,
y lo miró el mismo cielo,
cuando gritar supo al día:
"Que viva la dama mía,
aunque es fría como el hielo".

Y, por la senda callada,
sin saber temer al viento,
descanso no dio al aliento,
cruzando entre la nevada.
Y es que la densa nevada
era la dueña del suelo
ante la altira del cielo,
cuando gritar supo al día:
"Que viva la dama mía,
aunque es fría como el hielo".

Y, al descender la ladera
hasta los bosques callados,
por esos prados nevados
no quiso darse a la espera.
Porque la luz prisionera
mostraba su mayor duelo
bajo el dominio del cielo,
cuando gritar supo al día:
"Que viva la dama mía,
aunque es fría como el hielo".

Y, siguiendo sin tardanza
por los angostos lugares,
luchó contra los azares
sin sentir desesperanza.
Que la impaciencia lo alcanza
sobre la nieve y su velo,
porque lo oyó el mismo cielo,
cuando gritar supo al día:
"Que viva la dama mía,
aunque es fría como el hielo".

2012 © José Ramón Muñiz Álvarez 

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domingo, 16 de diciembre de 2012

Un soneto para Schagerl


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        El mástil del violín corrió apurada
la mano del artista, con maestría,
que supo retratar la luz del día
que quiso en el paisaje la nevada.
        Veloz corrió, si pudo, acelerada,
las notas arrancar cuando nacía,
secreta, aquella fina melodía
al aire por su gracia regalada.
        Un beso silencioso se hizo bello
oyendo aquel murmullo soberano,
nacido del espíritu encendido.
        La música callada fue destello,
dejándonos un eco del verano,
si quiso Schagerl darle su sonido.

José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Supo el viento caprichoso



Supo el capricho del viento,
en las horas matinales,
ver los paisajes nivales,
sometidos a su aliento.
Y, con un callado acento
y en actitud soberana,
el pincel de la mañana
dibujó la luz del día,
cuyo brillo se encendía
bajo su llama temprana.


Y descubrió su castillo,
contemplando nieve y hielo,
en las alturas del cielo,
admirando tanto brillo.
Y, viendo el prado sencillo
y la nieve y su pureza,
quiso cantar la belleza
del invierno sosegado
en el desierto callado
de la nieve en la maleza.

Que, corriendo tras los mares
y viajando entre las sierras,
alcanzó calladas tierras
y regiones singulares.
Y, en apartados lugares,
con silencio y con desgana,
el pincel de la mañana
dibujó la luz del día,
cuyo brillo se encendía
bajo su llama temprana.


Y aquellos lugares bellos
rozó el alba que nacía,
cuando, con la brisa fría,
besó el viento sus destellos.
Y, al bañar su soplo en ellos
con fatiga y con tristeza,
quiso cantar la belleza
del invierno sosegado
en el desierto callado
de la nieve en la maleza.

José Ramón Muñiz Álvarez
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS



sábado, 15 de diciembre de 2012

Sainete en quinientos versos


José Ramón Muñiz Álvarez
"SAINETE EN QUINIENTOS VERSOS"
http://jrma1987.blogspot.com


Para valeria Mattus Aguirre, en agradeciemnto
por el logo

La acción se desarrolla en la casa de un marqués


Escena I

Lupo está barriendo la cocina y conversa con Peroño.

LUPO-. ¡Quién entiende a la nobleza,
revuelta en mil amoríos,
consumida por los bríos
del amor y su aspereza!
PEROÑO-.Hablan mal de la dureza
y lamentan mil dolores.
Suelen ser esos señores,
hablando de tales daños,
personajes tan extraños
como lo son los amores.

LUPO-. No dejan esas querellas
que rompen mil corazones,
lamentan sus desazones,
hablando de las estrellas.
PEROÑO-.Cantan las miradas bellas
que luce la dulce amada,
y es que es cosa celebrada
tanto amor en demasía,
porque con nacer el día
muere el alma enamorada.

Escena II

Llega Minjaca.

LUPO (A Minjaca)-. Si me ofrecieran amor,
pasiones, llanto y desdenes,
celoso yo de mis bienes,
no querría tal rigor.
MINJACA (A todos)-. Cantar como un trovador
con tal magia y tal hechizo
lo que no me satisfizo
no vale el buen alimento
que me arrebata el aliento,
si se ofrece buen chorizo.

Y quién no quiere jamón,
vino añejo, si se ofrece,
el chuletón que merece
mi gusto y mi devoción.
PEROÑO-.Y si es que acaso es traición
contra un niño enloquecido,
traicionaré yo a Cupido
por un poco de comida,
que no se me irá la vida
en un amor encendido.


Escena III

Llega Cipriana.

LUPO-. Saben trazar con su verso,
como grandes trovadores,
su pasión y los ardores
de un instinto tan perverso.
CIPRIANA-. Del amor dicen converso
a su pobre corazón,
se les turba la razón
y gritan desesperanzas
por las ásperas mudanzas
de su misma desazón.

LUPO-. Es que el bueno del marqués
es hombre enamoradizo,
y, pues es antojadizo,
viene a ser como lo ves:
de la cabeza a los pies,
de los pues a la cabeza,
como es todo gentileza,
por procurarse placeres,
da en amar a las mujeres
de la más rancia nobleza.

MINJACA-. Mas yo soy enamorado
del vino al que tanto debo,
cuando con calma lo bebo,
que beber es descansado.
Y me tiene enajenado
el placer de la cecina,
que, aunque la digan mezquina,
la confieso yo golosa
y la digo digna cosa,
si es que el hambre se avecina.

Escena III

Entra Garduño.

GARDUÑO-. Trabajar más, holgazanes,
es cumplir con el deber,
y no hablar de la mujer
ni de jamones ni panes,
que, pues sois tan haraganes,
justo es decir lo que es justo.
LUPO-. Trabajar me da disgusto
y se me antoja enojoso,
que más quiero del reposo
y ponerme yo a mi gusto.

Escena IV

Garduño se va.

PEROÑO-. Pero, pues somos sirvientes,
quiero hablar de lo mejor,
que no será del amor
y las pasiones ardientes.
Porque los panes crujientes
son cosa que a mi me gusta,
que comer es cosa justa,
puesto que aquí se trabaja,
y es cosa que me relaja,
que el buen comer nunca asusta.

LUPO-. De esta manera diré,
y he de decirlo contento,
que el amor al alimento
es el amor que yo sé.
PEROÑO-. Pues, aunque no sé por qué,
yo pienso que los amores
que tienen esos señores
deben ser algo elevado,
pero soy hombre ocupado
para tales sinsabores.

Escena V

Viene Mendo.

MENDO-. Ahora llego del mercado,
donde corren los rumores,
que anda el señor en amores
y que vive enamorado.
LUPO-. Todo el mundo ha comentado
la verdad y la mentira,
y lo cierto es que suspira
lamentando su dolor.
MENDO-. Que no hay mal como el amor
dice el alma que delira.

CIRIANA-. Sí que es pesado Cupido,
que, a costa de su maldad,
el desdén de una beldad
sufre el noble más sufrido.
PEROÑO-. Si la materia he entendido,
es pesado, sí, señor,
que la carga del amor
turba al hombre de bravura
en tal confusión que cura,
con ser dolor, el dolor.

Escena VI

Vuelve Garduño.

GARDUÑO-. Que trabajéis han mandado,
y no que, con conversar,
el tiempo hayáis de pasar,
que tal es lo que os es dado.

Escena V

Se va Garduño.

LUPO-. Digo yo que, enamorado,
un pasar tiempo sin más,
se lo inspira Satanás,
que es el mismo Lucifer,
cuando, en forma de mujer,
tienta el alma, si no más.

MINJACA-. Bello es llenar la barriga,
reposar toda la tarde,
y, entre valiente y cobarde,
descansar de la fatiga.
Que la virtud nos obliga,
y de tal cosa me admiro,
pues por el jamón deliro,
que es hermosa maravilla,
cuando no hay una morcilla
por la que acaso suspiro.

Pero el señor es avaro
y, siendo tal su avaricia,
no cataré tal delicia,
que es el manjar lo más caro.
LUPO-. Pienso que tanto descaro
nos pudiera hacer un mal,
pues el orden señorial
los reproches no concede.
PEROÑO-. Digo yo que si se puede
criticar, que es mal venial.

MINJACA-. En todo caso prefiero,
a criticar al señor,
no sufrir este dolor,
que me arranca todo esmero,
pues cierto que es algo fiero
sufrir hambre de mañana,
siendo la hora tan temprana,
y saber que, a mediodía,
será el hambre todavía
una llaga tan insana.


Escena VI

Entra Garduño, muy solemne.

GARDUÑO-. Pienso que vais atrasados,
pues esta noche el marqués
dará, pues es muy cortés,
cordero a sus convidados.
LUPO-. La nobleza y los asados
nunca se llevaron mal.
GARDUÑO-. Será fiesta colosal
la que dará con la noche,
extraordinario derroche
del buen cordero lechal.

GARDUÑO-. El estómago reclama
más cuchara y tenedor
y menos leyes de amor
por la luz de alguna dama.
Y es que cómo se derrama
el vino en la jarra buena,
y que placer si la llena
el más preciado y bermejo
de los vinos, si es añejo
para el alma ya serena.

GARDUÑO-. Pues cuando llegue la tarde
quiere el señor quedar bien,
y preciso es pues que estén
los manjares.
LUPO-. ¡Dios nos guarde!
GARDUÑO-. Quiere el marqués gran alarde,
porque quiere sorprender
a la más bella mujer
que vive en estos lugares.
MINJACA-. Voy por vino.
MENGO-. Singulares
son las fiestas que adivino.

Escena VII

Minjaca se va.

CIPRIANA-. Minjaca es espabilado,
porque, yéndose a por vino,
ese trabajo adivino
que burla el muy descarado.
LUPO-. Es él un hombre avisado,
pues que tiene gran maldad.
GARDUÑO-. Vamos, presto, trabajad,
que debe todo estar listo.
LUPO-. Minjacaes agudo, insisto.
MENGO-. Sabe una barbaridad.

El caso es que es perezoso,
que el trabajo siempre evita,
que ve una lacra maldita
en mostrarse laborioso.
LUPO-. Lo veréis siempre quejoso;
cuando algo mandan, esquivo, 
y, con rostro pensativo,
es, además, refranero.
GARDUÑO-. Para eso es el bodeguero.
MENGO-. Pues gran disgusto recibo.

Que pasa el día embriagado
con jarabe de licor,
pues le consume al señor
todo el vino que ha comprado.
GARDUÑO-. No has de ser tan descarado:
manda el señor, y es la cuenta,
que nunca se le haga afrenta,
y el quiere que sea así.
CIPRIANA-. Pues en todo cuanto vi,
ya se sale de la cuenta.

Y es que el borgoña le bebe,
da cuenta del siciliano,
y, sin perdón del riojano,
con vino francés se atreve.
El italiano, si es leve,
lo toma con demasía,
y el rivera cada día
va menguando en la bodega,
que, si el vino mucho pega,
él bebe toda alegría.

Y es que es tal su atrevimiento
que me parece enojoso
que se beba el vino humoso
como quien es avariento.
No vi a un hombre más sediento
ni entre gente de hidalguía.
GARDUÑO-. No digo yo si es porfía,
pero es él el bodeguero.
PEROÑO-. No se quede en el tintero: 
él bebe toda alegría. 

Escena VIII

Regresa Minjaca. 

MINJACA-. Listos los barriles ya,
codiciosos bebedores
gustarán de losw licores:
buena la fiesta será.
PEROÑO-. En esta fiesta estará
gente de gran abolengo,
y así me temo yo, Mengo,
que habrán de beber el vino
que Minjaca, muy mezquino,
bebe alegre.
MENGO-. Me prevego.

Mas el rendirá las cuentas,
las muchas explicaciones,
si le piden las razones.
PEROÑO-. ¿Y con eso te contentas?
Basta ya, que las afrentas
que hace al robar al señor
son delito de rigor,
pues consume los licores.
MENGO-. Que lo riñan los señores
y me quede yo mejor. 

GARDUÑO-. Iré a las caballerizas
para ordenar lo que fuere. 

Escena IX

Se va Garduño.

MENGO-. Es que lo que más me hiere
es cómo te encolerizas. 
MINJACA-. Esas mentiras que rizas
como pelo de mujer
a la envidia has de deber,
que nunca hablé yo de ti.
PEROÑO-. Pues puedes decirlo.
MINJACA-. ¿Sí?
Pues pronto haré el menester.

La envidia es muy mala cosa
y las lenguas envenena,
y mira cómo enajena
la mentira maliciosa.
¿No es actitud perniciosa
hablar de lo que no es bueno,
culpando siempre al ajeno,
que no se mete en tu vida?
CIPRIANA-. La verdad digo encendida,
que eres tú todo veneno. 

LUPO-. La verdad es la verdad,
y es verdad, si digo bien,
pero el hambre y el desdén
suelen engendrar crueldad.
Tal es la necesidad,
tal es el hambre que tengo,
y más del hambre prevengo
la dureza que el amor,
que, siendo todo dolor,
en el hambre me entretengo.

Mira que el que siente amores
es tonto por tanto amar,
que al señor he visto a hablar 
de sus penas y dolores.
Solo estaba y los colores
casi que se me encendieron
con las palabras que oyeron,
pues oyeron que decía:
"¿dónde estás amada mía,
que mis ojos no te vieron?

¿Dónde estás, dicha endiablada,
que, endiablada eres la dicha,
y sin tu amor sou desdicha
al convertirte en mi amada?
¿Dónde estás, perla adorada,
fruto de mi devoción,
cuando canto, a la sazón,
la canción de mis pasiones,
cuando tantas emociones
siente un noble corazón?" 

MINJACA-. ¿Eso dijo? Me lo creo,
que son los nobles señores
muy dados a los amores
y cada día lo veo:
ni de amor quiero ser reo
ni decir tales lindezas,
porque esas rancias noblezas
parecen simples, livianas,
que, al nacer de las mañanas
trovan ya tales torpezas.

PEROÑO-. ¿Y sabes tu de poesía
para decir cosa tal?
MINJACA-. Cabe el orbe celestial
en quien ingenio tenía:
me parece tropelía
que un hombre que tal escribe,
dice que dicha recibe
de la desdicha que tiene,
que no sé por lo que viene,
diciendo si muere o vive.

Si no es que estoy confundido,
que pudiera ser también,
si no vino a hacerme bien
todo el vino que he bebido,
que, con el pecho encendido,
que es el vino abrasador,
más que amor, siento calor;
más que cariño, mareo,
y puesto que así me veo,
quiero el vino y no el amor. 

PEROÑO-. Sabias palabras son esas,
y si al decir eso atinas,
en lo demás desatinas,
pero por fin te confiesas.
MINJACA-. No sé por qué te interesas,
si son raros desvaríos,
más ¿para qué desvaríos,
cuando hay beber y comer,
que no vale una mujer
que no alimente mis bríos?

Vinos son que dan la vida
los vinos que voy bebiendo,
y, pues los bebo, yo entiendo
que son cosa esclarecida.
Y el licor y la bebida
son semejante aventura,
porque ya el vino se apura
a la tripa que lo quiere.
PEROÑO-. Al estómago no hiere,
pero hiere a la cordura.

LUPO-. Amante del vino añejo
es Minjaca en desmasía,
para aprender cortesía
con el barril y el pellejo.
MINJACA-. ¿Quién no quiere vino viejo
y pasarlo del gaznate?
No temo yo que me mate
del buen vino hacer buen uso,
si, entre borracho y confuso,
la conciencia se me abate.

Pero, en fin, si hay que beber,
soy el mejor bebedor,
y si tratan del valor,
acaso yo se deber.
Si la mecha he de encender,
yo pudiera ser amante,
mas esto pienso importante:
que es importante no amar,
porque quien quiera buscar
el amor es inconstante. 

Minjaca canturrea:

"Nació, lejana, la aurora
y, ya sobre el horizonte,
descubrió su luz el monte
y el cielo del que es señora.
Y, con su gala enamora
al mozuelo en el camino,
que, en el monte peregrino,
con pan, con chorizo y queso,
tras tanto esperar su beso,
besa la bota de vino.

Nació, lejana y tardía,
la llama de la alborada,
sobre el cielo, alborotada,
que cubrió la noche fría.
Y llegó la luz del día
a este paraje vecino,
que, en el monte peregrino,
con pan, con chorizo y queso,
tras tanto esperar su beso,
besa la bota de vino.

Nació, de hermosura llena,
sin traiciones ni embelecos,
y oyó la voz de los ecos
que, alegre, en las brañas suena.
Y, como ayer la azucena,
la saludó mortcino,
que, en el monte peregrino,
con pan, con chorizo y queso,
tras tanto esperar su beso,
besa la bota de vino.

Nació, serena, y su fuego
fue cubriendolas alturas,
con sus rosas, siempre puras,
tejiendo el blanco sosiego.
Caminando, el andariego
Vio su brillo repentino,
que, en el monte peregrino,
con pan, con chorizo y queso,
tras tanto esperar su beso,
besa la bota de vino.

Nació, al cabo, y sus colores
la saludaron, temprana,
como llama soberana
que enciende el jardín de flores.
Y corrieron los albores
por el cielo su camino,
que, en el monte peregrino,
con pan, con chorizo y queso,
tras tanto esperar su beso,
besa la bota de vino".


Escena X


Llega Garduño.


CIPRIANA-. ¿Cómo estaba la alazana?
GARDUÑO-. La alazana estaba bien.
MINJACA-. Aquí cantando muy bien
se nos pasa la mañana.
desde la hora más temprana
hay que tener alegría.
PEROÑO-. ¿Con vinos de nombradía
quieres pasarlo mejor?
LUPO-. Entiendo yo por rigor
el hambre del alma mía.


PEROÑO-. Hambre y sed, vaya pareja
que son el hambre y la sed.
CIPRIANA-. Pues no me hará gran merced
el hambre si no me deja.
Yo me sé la moraleja
de pasar dolor y furia,
porque en tiempos de penuria
quieren todos más comida.
PEROÑO-. Es una pena encendida
que no ha de sufrir la curia.


GARDUÑO-. Salió el hereje malvado.
PEROÑO-. Digo bien, pues que los curas
cometen graves locuras
con la gula, que es pecado.
GARDUÑO-. Si fueras un hombre honrado
mostrarías más respeto.
PEROÑO-. No me quiero quedar quieto
ni la lengua retener,
pero paz habrá de haber,
aunque yo no me someto:


porque siempre la barriga
del cura se admira llena,
que, si es la comida buena,
no tardará si se apura.
GARDUÑO-. Por hereje la tortura
te habrían de administrar.
MINJACA-. Dejad ya de disputar,
que estos casos no son cosa
que hablar aquí.
GARDUÑO-. No es graciosa
tal cosa, que es de admirar.


Pero, al caso, que es lo urgente:
habrá que aliñar la cena.
LUPO (Aparte)-. No es trabajar cosa buena.
CIPRIANA-. ¿Y ha de venir mucha gente?
Lo digo porque es corriente
que Minjaca, en tal momento,
beba el tinto ceniciento
o se nos vaya al clarete.


Risas de todos.


Se le sube el colorete
cuando se le ve contento.


En fin, que yo sé a quien trato
y es mejor dejarlo así.
MINJACA-. ¿Soy yo un borrracho?
TODOS-. Pues sí.
MINJACA-. Mal me diera un arrebato.
GARDUÑO-. Sale el vino muy barato
cuando lo paga un marqués.
MINJACA-. Argumento es de revés
querer hacer de ello un vicio,
pues en mi caso es oficio.
CIPRIANA-. Todos sabemos cuál es:


beber con incontinencia
para darse el mayor bien
y mirar con gran desdén
la moral y la conciencia.
PEROÑO-. No ha de tener la decencia
quien bebe en tal demasía.
MINJACA-. Eso si que es herejía,
porque yo escrito lo he visto:
vino es la sangre de Cristo
y en mi cuerpo no se enfría.


2005 © José Ramón Muñiz Álvarez 
"Canciones de un trovador"
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